CLUB
DE ROL
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Las
aventuras de Legolas, el elfo
por
Jordi Cabau
HA SIDO UN SUEÑO SIN HABER DORMIDO
(capítulo 41)
Subtítulo: "(Pelea de Taberna!"
El viaje a Trid transcurrió sin incidentes, reuniéndome a
medio camino con mi hermana. Ella era bastante inexperta en el oficio de
aventurero (1) y me parece a mí que, en aquel momento, accedió a acompañarme
más que nada por compromiso. También se reunió con nosotros cierto guerrero
llamado Tritón con el cual me unía una cierta amistad (2).
La cuestión es que, recién llegados a Trid, hice ostentación
de mi experiencia ante mis acompañantes diciéndoles que la mejor manera de
buscar aventuras era ir a la primera taberna que encontráramos (3). Total, hete
aquí que nos metemos en la primera taberna que encontramos. No recuerdo el
nombre de la misma, pero sonaba algo así como "El Poney Empalado" o
"El Orco Pisador", no sé. Mi breve experiencia, al ver los rostros
patibularios de los clientes, me sirvió para darme cuenta de que la mayoría de
los clientes del lugar respondían a la denominación genérica de caminantes.
De hecho los había más caminantes que otros. Nos acercamos a una mesa de
madera (4) que estaba vacía y nos sentamos en unas viejas sillas que emitieron
leves quejidos al hacerlo (5).
Mi experiencia me decía que, tarde o temprano, se acercaría
un misterioso encapuchado que nos propondría salvar el mundo. Pedimos algo de
beber (6) y nos dispusimos a esperar al Misterioso Encapuchado Encargador de
Salvar el Mundo.
Al poco llegó éste, creo recordar que se trataba de un gordo
mercader (7) el cual lanzó una apreciativa mirada a la concurrencia de la
taberna y se dirigió hacia nuestra mesa (supongo que nuestro aspecto era el más
tranquilizador... pobre hombre). No había recorrido el comerciante la mitad del
trayecto hacia donde estábamos que mi hermana dijo unas palabras (8) que
quedarán grabadas a fuego en mi mente aunque viva doscientos años: "me
aburro".
Acertaba a cruzar ante nuestra mesa en ese instante un
armario semoviente y semiinteligente (9) que, como era de esperar, tropezó y se
estrelló en la mesa más llena de caminantes de todo el local. Mientras
los frenéticos avisos de que algo andaba mal viajaban por el sistema nervioso
de Musculitos (10) los ocupantes de la
mesa derribada se ponían en pie y, desenvainando sus espadas, se lanzaban sobre
nosotros al grito de (MI
CERVEZA!.
Antes de que consiguiesen alcanzar nuestra mesa se me ocurrió
una idea que, en ese momento, me pareció genial (11): lancé mi bolsa de monedas
de oro al suelo para distraer al personal y permitirnos huir (12). Mi
ocurrencia tuvo dos efectos inesperados: 11) mi Destino Marcado quiso que TODA mi provisión de
monedas se encontrara en aquel momento dentro de mi bolsa (13) y 21, semejante cebo hizo que TODO el mundo en la posada
(14) se tiró al suelo a recoger el oro (15).
Mascullando un "...mierdamierdamierda..." aproveché
la oportunidad para empujar a mi hermana y a Tritón (16) hacia la salida. A
todo esto mi hermana se reía a carcajadas y no paraba de gritarles a los
buscadores de oro: "idiotas" "desgraciaos" "Q3"
"míralos, parecen borregos"; la mayoría nos lanzaban miradas
amenazantes... y seguían recogiendo monedas... hasta que se acabaron. Todavía
no habíamos alcanzado la salida y los parroquianos empezaban a ponerse en pie
(17).
(1) De hecho era su
primera experiencia como tal.
(2) También nos unía a
él cierto grado de parentesco, pero eso es otra historia.
(3) Más me habría
valido hacerme el seppuku allí mismo, me habría ahorrado trabajo.
(4) Lo supongo, la roña
no dejaba ver de qué estaba hecha.
(5) El de la mía me
pareció que era algo así como "(jodido elfo! (al menos podrías quitarte la mochila! )no?".
(6) El tabernero nos
cobró la bebida por adelantado y, comparando el precio pagado con la calidad de
la misma razoné que era el más caminante de todos.
(7) Cuando no es un
Misterioso Encapuchado suele ser un Gordo Mercader.
(8) Mientras miraba
distraídamente el techo de la taberna y extendía su pie fuera de la mesa.
(9) Bárbaro.
(10) El cual seguía
moviendo las piernas para andar como si nada hubiese ocurrido.
(11) idiota.
(12) Ya buscaría otro
Misterioso Encapuchado o Gordo Mercader en otra taberna más adelante.
(13) Una provisión
BASTANTE abundante y que, por cierto, no se me ocurre cómo podía caber
ahí dentro.
(14) Incluido Mister
Bíceps, que había empezado a levantarse a la voz de "...grrrrel único elfo
bueno es el elfo muertogrrrr...".
(15) Hasta me pareció
ver que el mercader hacía un amago de agacharse.
(16) Que no hacía más
que decir ")que pasa )que pasa?".
(17)
... y hacer ruiditos inquietantes con los nudillos.