AURYN

CLUB DE ROL

Las aventuras de Legolas, el elfo

por  Jordi Cabau

HA SIDO UN SUEÑO SIN HABER DORMIDO Capítulo 171

 

Grupo Salvaje 60 Parte (y última)

 

          En medio de la sala había, literalmente, una pequeña montaña de monedas de oro, plata y cobre. Aquí y allá, semienterrados entre las monedas, habían pequeños cofrecillos de maderas nobles repletos de piedras preciosas y joyas. A primera vista era difícil calcular el valor de todo aquel tesoro pero, sin duda, había las suficientes riquezas como para ascender perfectamente un peldaño más en la escala social de las Darlans (1)...

          - Ostiaaaaa... -dijo Shalt.

          - Uópali... (2) -dije yo.

          Nuestro ensimismamiento se vio roto por una voz conocida, que provenía del otro lado del montón de monedas...

          - )Chicos? )Sois vosotros? -dijo Adolfo, con su voz original.

          Dimos cautelosamente la vuelta al montón y vimos, junto a un par de sacos cuyas costuras estaban a punto de reventar, a Adolfo (3) ocupado en llenar un tercer saco de joyas y piedras preciosas (4). A su alrededor, esparcidos por el suelo, habían algunos cofrecillos vacíos. De la espalda de Adolfo colgaban un escudo de aspecto magnífico y un par de relucientes espadas, objetos que no llevaba cuando nos vimos por última vez.

          Aparte de todo esto, el aspecto físico de Adolfo el elfo (suponíamos que con mente de enano) era lamentable: había recibido más golpes desde la última vez que nos vimos y, contrariamente a nosotros, no había tenido la suerte de encontrar con qué curarse de sus heridas.

          - Estoooo... (Hola chicos! -dijo Adolfo, con su voz original.

          - )Cómo? -dijimos Shalt y yo- )Ya no eres Odreukaemon el enano con cuerpo de elfo?

          - No -respondió titubeante- Hace cosa de dos horas que el enano y yo volvimos a nuestro estado normal.

          - Justo cuando acabé con Dorizar -dijo Shalt- Mmmm... no sólo los chombis se han visto liberados de su influencia.

          Hicimos un breve resumen de lo que nos había sucedido desde que nos habíamos visto por última vez (5)...

          - ... y (FLOOOOOOOSHHHH!. Luego esperamos a que Legolas se repusiera de su ceguera antes de venir hacia aquí )y a vosotros qué os ha sucedido? )y Odreukaemon el enano? )existía realmente un dragón?

          - (Ah!... el dragón... me había olvidado de lo que dijo el posadero -respondió, cada vez más titubeante Adolfo- (Sí! (Eso sucedió! (El dragón guardaba este tesoro y luchamos con él! (El dragón mató a Odreukaemon antes de que yo acabara con él!

          - )Dónde está el cuerpo del dragón? -dijo Shalt- )Y el cuerpo de Odreukaemon?

          - Bueno... verás... )cómo lo explicaría yo?...

          A todo esto mi Destino Marcado me había llamado la atención sobre el hecho de que, en un rincón de la sala, había una silueta (6) que avanzaba lentamente hacia la espalda de Shalt. En un principio pensé en dar la alarma pero, cuando mi Destino Marcado me informó de que la silueta era realmente Odreukaemon el enano con algún tipo de capa que le hacía parcialmente invisible, sólo pensé en decir

          - Odreukaemon )eres tú? )qué haces?

          - )Odreukaemon? )Dónde? -dijo Shalt.

          - (AHORA! -gritó Adolfo.

          - )AHORAaaaarggghhh(((((( -exclamé yo, pues Adolfo el elfo acababa de clavarme una de sus fastuosas nuevas espadas en el estómago.

          - )Qué pasaaaaarggghhh(((((( -exclamó Shalt cuando su espalda impactó en el filo del hacha de Odreukaemon el enano, que se había hecho completamente visible de repente.

          - (Rápido! -gritó Adolfo- (Acabemos con ellos!

          El combate que siguió habría sido bastante equilibrado de no ser porque tanto Adolfo como Odreukaemon estaban muy tocados, mientras que Shalt y yo nos habíamos recuperado en gran parte de nuestras heridas gracias a las pociones halladas en el estudio de Dorizar. Aún así, los sendos ataques por sorpresa recibidos de nuestros ex-camaradas a punto estuvieron de eliminar esta ventaja (7). Adolfo cayó ante mis golpes (8 y 9) y Odreukaemon, cuando vio que debía luchar contra dos oponentes estando muy malherido, arrojó su hacha al suelo.

          - Bien )Qué significa todo esto? (Habla! -dije yo con voz tensa mientras apoyaba la punta de mi espada en el cuello del enano.

          - Cuando entramos en ésta habitación -respondió apresuradamente Odreukaemon- una Sombra nos atacó. Luchamos contra ella gracias a las espadas que había clavadas en el montón de monedas, ya que de otra forma no habríamos podido hacerle nada. Al final la vencimos, pero quedamos tan heridos y debilitados por sus ataques que decidimos esperar a que la fuerza volviese a nuestros cuerpos, más o menos como vosotros. Mientras nos recuperábamos volvimos a nuestros cuerpos respectivos, cosa que en aquel momento encontramos inexplicable... y eso es todo. Estooo... (je! (je! supongo que la Sombra nos había charmado de alguna forma para que continuásemos protegiendo el tesoro por ella.

          - Q.u.i.e.r.o.  l.a   v.e.r.d.a.d -dijo Shalt lentamente.

          - Adolfo y yo decidimos quedarnos con el tesoro para nosotros solos. Pensábamos bajar con cuerdas por los ventanales de la sala de al lado. Cuando llamasteis trazamos apresuradamente un plan: mientras Adolfo os distraía yo, con una capa élfica que formaba parte del tesoro, os atacaría por sorpresa por la espalda mientras Adolfo se sumaba entonces al combate. El dragón se lo ha inventado Adolfo. )Qué pensáis hacer conmigo?

          - No sé... -dije mirando decepcionado al enano- Nunca me había encontrado en una situación parecida... )qué piensas Shalt?

          - ...aquél que traiciona a Shalt Ymbanqui y lo deja vivo, es que no sabe nada de Shalt Ymbanqui... -dijo fríamente mi charmado compañero.

          ... y mientras lo decía la cabeza del enano impactaba con la maza del clérigo de Nagor, haciendo que el enano fuese a reunirse con sus antepasados... (10)

          - ... jodeeeer... -murmuré.

          - El lago de lava espera nuevos clientes. Ayúdame Legolas -dijo Shalt.

          Tomando las armas y el equipo mágico hallado en la cámara del tesoro, decidimos proseguir la exploración del lugar, empezando por ver que había debajo de la trampilla de la habitación de Dorizar. El tesoro lo dejaríamos allí y ya volveríamos luego a por él. Una vez retirados los muebles que bloqueaban la trampilla descubrimos un largo pasadizo que desembocaba en una tumba abierta del cementerio de la aldea. Bajamos hasta ésta y nos reunimos con los aldeanos, informándoles (11) de lo sucedido en la cueva.

          En el pueblo fuimos recibidos como héroes y pudimos constatar que los dos acompañantes de Dorizar, que se encargaban de liderar a los chombis, habían tenido el mismo final que éstos.

          Esa misma noche volvimos a la cueva por el pasadizo del cementerio y, ayudados por algunos de los soldados y aldeanos supervivientes, nos encargamos de limpiar de chombis el lugar. Nos quedamos una generosa parte del tesoro, donando el resto a los aldeanos para que reconstruyesen el pueblo.

          Los aldeanos insistieron en que nos quedásemos allí varios días (12) y Shalt aceptó la invitación en nombre de los dos (13). Los soldados nos informaron de que, al cabo de pocos días, llegaría un destacamento de tropas de Holgart para sustituirlos, el cual también se encargaría de destruir el complejo de cuevas que Trasdor y su hijo Dorizar habían usado como base para sus fechorías.

          Todo esto nos llevó toda la noche y, a la mañana siguiente, yo casi había olvidado que existía la posibilidad de que Shalt hubiese escapado a los efectos del hechizo... pero nuestro Destino Marcado no. Por suerte para mí, Shalt permaneció un día más bajo los efectos del hechizo... existiendo nuevamente la posibilidad de que escapase a los efectos de éste a la mañana siguiente. Ambos estábamos todavía heridos y muy cansados por lo que, pese a ser de día, aceptamos la invitación de la viuda del posadero de acostarnos en dos de sus mejores habitaciones.

          En un aparte con la desconsolada mujer advertí a ésta de que me despertase al cabo de unas pocas horas sin decir nada a mi compañero, pues no quería preocuparle. La mujer cumplió el encargo y, echando un discreto vistazo a la habitación de mi colega, vi que éste dormía a pierna suelta. Era media tarde: cabalgando al galope podía alejarme muchos kilómetros de aquella aldea (14) antes de que el sol se pusiese. Las pocas horas de descanso me habían refrescado y me veía perfectamente capaz de cabalgar.

          Ensillé a Medianoche el cual, junto con los caballos del resto del grupo, había permanecido tranquilamente ignorados por los chombis en los establos y tomé uno de los caballos de un compañero muerto para cargar mi parte del tesoro. Empezaba a conocer a Shalt Ymbanqui y sabía que, si se me ocurría abandonarlo llevándome su parte del tesoro, sería capaz de ir a buscarme hasta en la cocina del decimotercer infierno.

          Subí a Medianoche y enfilé la puerta del corral de la posada. Antes de alcanzarla salió a mi paso la viuda del posadero.

          - )Cómo? )Ya se va? )Tan pronto?

          - Si...

          - )Qué le digo a su compañero?

          - Déjelo dormir hasta que el cuerpo le diga basta. Y si pregunta por mí, dígale... bueno... no le diga nada. Creo que lo entenderá.

          - (buen viaje! )señor...?

          Recordé que, en el pueblo, nadie me conocía...

          - Me llamo Vond, Jeims Vond...

          - (buen viaje señor Vond!

          Cuando salía del pueblo me encontré con que la carretera se bifurcaba en tres caminos: uno se dirigía al norte, otro al este y el otro al oeste. Mientras me hallaba decidiendo cuál de ellos tomar, acertó a pasar por allí uno de los campesinos supervivientes con una azada al hombro...

          -(Buenas tardes! -saludé.

          - ...nnastardes.

          - Discúlpeme simpático lugareño )podría decirme adonde lleva el camino del Este?

          - El del Este lleva a la aldea de Arat. (Tiene suerte! (Están en plena época de fiestas! (Celebran el 5001 aniversario de la expulsión del horrible dragón Komedetodo!.

          - Ah... vaya... )y el del Oeste?

          - Lleva a la Torre de Guardia del Paso Tortuoso... bueno, debería decir la Nueva Torre.

          - )Nueva Torre?.

          - Sí, la vieja fue destruida por una familia errante de Gigantes de las Colinas con muy mala leche y muy buena memoria. Ésta primavera hará exactamente 200 años que sucedió.

          - Ya... fascinante... )y el del norte?

          - Al cabo de poco acaba en el prado del tío Pako, luego se convierte en un sendero tortuoso que lleva a Dafar, pero no se lo recomiendo.

          - )No? )Porqué?

          - Da muchas vueltas. Si se dirige hacia Dafar tome el camino del este o el del oeste: en la aldea de Arat y la Nueva Torre de Guardia del Paso Tortuoso ambos tuercen hacia el norte, tardará mucho menos.

          - Gracias... muy amable.

          - De nada. Hasta la vista.

          Todavía me quedaban algunas horas de luz para seguir cabalgando. Sentado en la grupa de mi caballo estudié atentamente los tres caminos (15)... y volví mi mirada hacia la aldea de Holmir (16).

          - Vamos, Medianoche, seguro que te va a gustar la hierba del prado del tío Pako...

 

 

Próximo episodio

HAY QUE SALVAR EL MUNDO

 

 

(1) O sea, subir de nivel.

(2) (Uópali! (élfico): Interj. con que se denota extrañeza o admiración. / Dícese también de la vuelta ligera dada en el aire o del brinco que dan los danzantes cruzando varias veces los pies en el aire.

(3) Recordemos que las almas y los cuerpos de Adolfo el elfo y Odreukaemon el enano se habían intercambiado.

(4) Objetos cuya relación peso/valor hace que sean los primeros en ser rapiñados por los aventureros.

(5) Shalt omitió que él era el único que podía albergar dudas más que razonables sobre el hecho de que Xavi S. estuviese muerto o no antes de que lo arrojase al lago de lava como último rito funerario.

(6) Medio invisible por efecto de algún tipo de magia pero que, aún así, yo había visto.

(7) Esto era exactamente lo que ellos pretendían.

(8) La primera, y espero que fuese la última, vez que me he visto obligado a combatir contra otro aventurero que, además, era de mi misma raza. Nada agradable.

(9) Por cierto, sólo quedábamos ya tres.

(10) Ya sólo quedábamos dos.

(11) ... a grandes rasgos...

(12) Personalmente, poderosas razones me impedían hacerlo: más que nada el miedo a lo que pudiese suceder cuando se le pasase el charmamiento a mi fiel camarada Shalt Ymbanqui.

(13) No hice nada para contradecirle.

(14) Y de Shalt.

(15) A lo lejos, en dirección norte, el viento me trajo el aullido de una manada de lobos.

(16) ... y me pareció ver una silueta a caballo que gritaba "(HERMANO! (ESPÉRAME! (JUNTOS PODEMOS HACER GRANDES COSAS!".