AURYN

CLUB DE ROL

Las aventuras de Legolas, el elfo

por  Jordi Cabau

HA SIDO UN SUEÑO SIN HABER DORMIDO Capítulo 181

 

Salvando el Mundo (La Profecía)

10 Parte

 

          Mi última aventura había transcurrido en los inicios de la primavera... y a finales del otoño ya me había gastado la fortuna que tantos esfuerzos y penurias me había costado conseguir. Otra vez me encontraba con la triste necesidad de conseguir sobrevivir a otro invierno más.

          Mi dinero se encontraba a buen recaudo en los bolsillos de casi todos los posaderos y etayras (1) que pueden encontrarse siguiendo el camino que va de Farfal hasta las montañas de Andor-Irian, cuando los primeros copos de nieve que anunciaban la llegada del invierno me sorprendieron en El Pico Cavador, la única posada de la aldea de Brinalliant.

          Dicha aldea era lo bastante grande como para aparecer en el viejo y sobado mapa que me servía de guía en mis desplazamientos por las Darlans, aunque en mi mapa aparecía con el nombre de Brinallant sin la "i" (2). Pronto comprendí que debía largarme de allí antes de que el invierno avanzase lo suficiente como para hacer impracticable la salida.

          En idéntica situación que yo se encontraba el resto de los huéspedes de El Pico Cavador, a quienes la llegada del invierno había sorprendido en Brinalliant y cuya descripción paso a continuación a relatar:

          Matt Farental, el Marino. Al principio todos nos preguntábamos que hacía este lobo de mar tan lejos de la costa, aunque pronto llegamos a la conclusión de que debía de haber venido a trabajar en las barcazas que transportaban mineral río Nimharmed abajo desde las cercanas minas de Nelkareth hasta el puerto de Ur-Madir. Matt era poco hablador, por lo que nos sorprendió cuando, a un comentario casual de uno de nosotros, respondió "(Ah! )Pero hay un río cerca?".

          Blanche, la enana del clan Rompematarasga (3). Su fuerte no era la sociabilidad. Esto lo sospechamos cuando, nada más entrar en El Pico Cavador, uno de los parroquianos le recordó amablemente que cerrase la puerta pues hacía frío y Blanche le respondió con una retahíla de insultos enanos que duró varios minutos, sin repetirse en ningún momento (4).

          Piran, la caminante de Astra, quien tenía un particular sentido del humor. Su idea de una broma divertida generalmente iba asociada a la pérdida de Puntos de Vida por parte de la víctima. El hecho de que, pese a ser humana, su caótico comportamiento guardase un extraordinario parecido con el de mi élfica hermana (ver Capítulo 41 "(Pelea de Taberna!") me hizo rememorar pasadas y entrañables (5) aventuras... no pudiendo evitar una extraño sentimiento de inquietud hacia el futuro.

          A Piran de Astra la acompañaba un monito, de esos que suelen llevar los cómicos de las grandes ciudades. El monito, de nombre Titi, era de natural molesto, lo cual motivaba que nadie del grupo, excepto Piran, se refiriese a él como Titi.

          En el grupo había otro enano: Filiki Escudo-que-truena. Filiki, sin ser del mismo clan enano que Blanche, compartía con ésta algunas cualidades: la poca paciencia, el poder contar con él cuando había problemas... y una rara habilidad en atraerlos cuando los había.

          Preguntado Filiki acerca del porqué de su extraño mote nos hizo una demostración del mismo: con la empuñadura de su espada se puso a golpear su escudo, haciendo un estruendo de mil demonios y aullando simultáneamente "(LOBOS! (LOBOS! (LOBOS!".

          -Está hecho a partir de la escama de un dragón con el cual me enfrenté -dijo emocionado- Cuando hago esto consigo hacer correr a cualquier alimaña que haya por los alrededores.

          El hecho de que, al día siguiente, aparecieran devoradas por los lobos las ovejas que uno de los aldeanos guardaba en un corral situado a la entrada del pueblo confirmó lo dicho por Filiki Escudo-que-truena... averiguando cuál era la dirección en la cual corrían las alimañas al escuchar los gritos de Filiki.

          Por último estaba Robingenolideus el Elfo. Este mago humano había sido criado entre elfos, los cuales le habían adoptado enseñándole sus costumbres e idioma. Robingenolideus tenía un comportamiento inusual para ser mago: no solía ocultar nada a los demás y solía expresar su opinión abierta y sincera de que un grupo de aventureros es un equipo que debe de colaborar estrechamente, usando cada miembro sus habilidades especiales en bien del grupo... una teoría francamente extraña y revolucionaria si hemos de tener en cuenta mis experiencias anteriores. Al igual que yo, Robingenolideus llevaba ya bastante tiempo pateándose las Darlans y ambos habíamos oído hablar el uno del otro (6).

          Así averigüé que, a principios del verano, había sucedido en el sur que un clérigo de Nimara (7) que decía llamarse Legolas se había llevado consigo a la hija de unos campesinos de una aldea llamada Arum. Dicho individuo afirmó que se encargaría de que la joven fuese educada en el templo que su orden tenía en la ciudad, prometiendo a los padres de la muchacha que ésta volvería como Acólita al cabo de pocos meses para encargarse de los servicios religiosos de la aldea, pues la población era demasiado pequeña como para disponer de clérigo propio y sólo tenía una pequeña capilla dedicada a Nimara. Los campesinos se felicitaron por la suerte de su hija, pues ser elegida para servir a la diosa representaba un gran honor.

          Robingenolideus me dijo que poco después pasó por allí un clérigo de Nimara el cual, al ser interrogado por los aldeanos, dijo no conocer la existencia de ningún Legolas dentro de su orden. Cuando el sacerdote visitó la capilla que los aldeanos tenían en la aldea se llevó una gran sorpresa al ver que algunos de los elementos que componían ésta había sido sutilmente cambiados de forma que, desde hacía meses, los aldeanos no estaban adorando a Nimara... si no a Gainor (8).

          El mago me informó de que, por el sur, la orden de Nimara buscaba activamente a Legolas, el Clérigo... y que mejor sería para mí que no me acercase por allí hasta que no se hubiese aclarado todo.

          Los seis llevábamos varios días siendo los únicos huéspedes de la posada. Matt el Marino, Robingenolideus el Elfo y yo no disponíamos del suficiente dinero como para pagarnos el permanecer todo el invierno en El Pico Cavador. Por suerte los aventureros suelen ser seres con recursos, capaces de superar las situaciones más difíciles con soluciones valientes, arriesgadas y, porqué no decirlo, heroicas. Los tres nos encontrábamos buscando una solución al problema que se nos planteaba (9) cuando se abrió la puerta de la posada, dando paso a cuatro figuras encapuchadas...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(1) Expresión hobbit de oscuro significado. Literalmente "hembra humanoide, apostada en una esquina, que expele humo por la boca y/o la nariz".

(2) Esto casi me costó una pelea con el primer aldeano que me encontré al llegar a Brinalliant: al parecer, en el dialecto local, brinallant (sin "i) tenía un significado francamente obsceno, algo así como que no me atrevo a reproducir en mi diario.

(3) Ratrasga para los amigos. Pocos.

(4) El hecho de que Blanche pareciese un armero con patas seguramente le evitaba problemas con las víctimas de su singular concepción de las relaciones interpersonales, aunque un buen número de cicatrices atestiguaban que Blanche era muy liberal, mejor dicho imprudente, a la hora de utilizar su arsenal de insultos.

(5) Entrañable (palabra élfica): referente a que le arranquen uno las entrañas.

(6) Rápidamente aseguré a Robingenolideus de que muchas de las cosas que se decían de mí eran burdas calumnias.

(7) Diosa de las Aguas.

(8) Recuérdese que Shalt Ymbanqui era un clérigo de Gainor, el dios de la mentira y la traición.

(9) Los tres estábamos jugándonos a los dados cuál de nosotros sería el que accedería esa noche a los cada vez más perentorios requerimientos amorosos de la toneládica viuda que regentaba El Pico Cavador. Lo que, al principio, habían sido unos suaves golpecitos dados a medianoche en la puerta de la habitación que compartíamos, nos había obligado la pasada noche a atrancar nuestra puerta con todo lo que encontramos en la habitación. Esa misma tarde, al subir a nuestra habitación después de comer, habíamos descubierto que los sirvientes habían retirado la mayoría de los muebles.