AURYN

CLUB DE ROL

Las aventuras de Legolas, el elfo

por  Jordi Cabau

HA SIDO UN SUEÑO SIN HABER DORMIDO Capítulo 191

 

Salvando el Mundo (La Profecía)

20 Parte

 

... cuando se abrió la puerta de El Pico Cavador, dando paso a cuatro figuras encapuchadas.

          Fuera de la posada ya era oscuro y, junto con las cuatro figuras encapuchadas, habían penetrado en la sala algunos copos de nieve.

          Los recién llegados se quitaron sus capas y así pudimos ver que eran cuatro clérigos, mejor dicho, dos clérigos y dos clérigas del dios Sindash (1), como delataban los medallones que portaban. Sacudiendo la nieve de sus capas los viajeros pidieron algo caliente que beber y se presentaron como Sátrapa el Patriarca, Valiana e Ilga, ambas Matriarcas, y Orastes (2). Los títulos de los recién llegados nos indicaron que eran personas importantes y sus nombres no eran del todo desconocidos para algunos de nosotros.

          Hacía días que no pasaba ningún viajero por Brinalliant (3), por lo que nos acercamos a los recién llegados y les preguntamos de dónde venían y qué noticias traían. Sátrapa era un tipo bastante simpático y pronto estuvimos todos sentados alrededor de una mesa charlando animadamente. De esta forma nos pudimos enterar de que el sacerdote viajaba hacia el norte, concretamente hacia el reino enano de Taor... y que se alegraba de habernos encontrado pues necesitaba una escolta y un guía que conociese bien la región.

          Blanche y Filiki, los enanos, conocían el país de Taor bastante bien, por ser el lugar donde había transcurrido gran parte de su vida. En cuanto al resto de nosotros... podría decirse que estábamos esperando la ocasión de poder salir de la aldea de Brinallant en la que nos encontrábamos.

          Las condiciones que ofrecía Sátrapa eran: treinta monedas de oro por persona y día con los gastos de la expedición corriendo de su cuenta. Las cláusulas eran razonables, por lo que cerramos el trato allí mismo. Matt, Robingenolideus y yo solicitamos un adelanto, que nos fue concedido, para poder abonar algunas pequeñas deudas contraídas durante nuestra estancia en Brinalliant.

          Después de la copiosa cena (4) con la que nos obsequió por haber aceptado el trabajo, el Patriarca procedió a extender sobre la mesa un mapa de la zona por la que íbamos a viajar.

          -Es preciso que lleguemos a este punto de la meseta de Leth, en Taor, antes de la puesta del sol del cuarto día a partir de mañana -dijo.

          -Eso es imposible -respondieron Blanche y Filiki -sólo hasta el Paso de Garoth ya tardaremos tres días. Y, si la nieve ya lo ha cubierto, cruzarlo puede retrasarnos bastante -añadieron señalando hacia los copos de nieve que se acumulaban en las ventanas de la posada.

          -Si viajamos hasta Nelkareth y allí tomamos una de las barcazas que descienden por el río, bajando mas allá del afluente de Anaoth, nos ahorraremos mucho tiempo. Luego podemos viajar hacia el oeste penetrando en el valle de Taor por el Paso de Gilin, más practicable que el de Garoth- comentó Valiana.

          La propuesta de la Matriarca convenció a nuestros guías enanos, por lo que nos fuimos a dormir temprano para levantarnos antes de que saliera el sol.

          A la mañana siguiente empacamos nuestras cosas y emprendimos viaje hacia las minas de Nelkareth. Orastes tomó el camino de vuelta al sur pues, según nos informó Sátrapa, debía volver a la ciudad a cumplir unos votos.

          Las solitarias huellas que dejaban nuestras monturas en la nieve caída durante la noche nos indicaban que nosotros éramos los únicos viajeros lo bastante locos como para viajar en invierno por el norte de las Darlans.

          -Por cierto -dije a Sátrapa- )Cuales son los asuntos que le obligan a viajar en invierno con tanta prisa?

          -Me alegro que me haga esta pregunta )señor?...

          -Legolas -contesté.

          -... mmmm... me suena ese nombre )no tiene ningún pariente religioso en el sur? (5) -dijo pausadamente el clérigo mientras hacía una seña imperceptible a Valiana e Ilga, las cuales dejaron caer distraídamente sus manos sobre las empuñaduras de sus mazas.

          -No, en absoluto, nunca, jamás.

          Por suerte Robingenolideus vino en mi ayuda aclarando al Patriarca lo sucedido entre Shalt Ymbanqui y yo.

          -Ah... bueno... -respondió Sátrapa-...respondiendo a su pregunta le diré que, recientemente, el Gran Patriarca de la Orden de Sindash tuvo un sueño profético en el que un ser divino le comunicó un mensaje que, una vez estudiado por los expertos, se interpretó de la forma siguiente: dentro de tres días Meshner, el mensajero de los dioses, hablará en un lugar situado en la meseta de Leth.

          -)Y se sabe que dirá? -comentó Blanche, la enana.

          -No. Precisamente por ello viajo hacia ese lugar, para asistir a la Revelación como representante de mi Orden.

          El tiempo no invitaba a hablar, por lo que seguimos cabalgando hacia el norte llegando esa misma noche a la población minera de Nelkareth, donde nos hospedamos en la típica posada.

          Esa noche me fui a dormir temprano, despertándome los gritos de algunos mineros pero, habiendo identificado la causa de los mismos (6), me di la vuelta en mi cama y me volví a dormir. A la mañana siguiente Sátrapa negoció con los barqueros nuestro pasaje y el de nuestras monturas en un convoy de cinco barcazas que partirían esa mañana hacia la desembocadura del Nimharmed.

          -(Qué bien! (Ya era hora de poner los pies en una buena y vieja nave...! -dijo Matt Farental, el Marino.

          Mientras decía estas palabras la barcaza hizo un movimiento extraño que hizo que el lobo de mar cayese con gran estruendo al agua.

          -Al primero que abra la boca, lo mato -masculló Matt Farental, el Marino, mientras los barqueros del Nimharmed lo pescaban con sus bicheros.

          El viaje sólo acababa de empezar...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(1) Sindash. Dios de la Felicidad. Se le acostumbra a representar con la apariencia de un niño de unos cinco años, siempre riendo.

(2) Éste no dijo su título, era muy poco hablador.

(3) Cosa comprensible si se tiene en cuenta que, en mi mapa, la aldea de Brinalliant aparecía como Brinallant y que, en el dialecto local, brinallant tenía un significado francamente obsceno que no me atrevo a reproducir en mi diario.

(4) Generalmente, a la hora de comer, Sátrapa siempre hacía honor a su nombre.

(5) Ver capítulo anterior.

(6) Oí gritar a alguien con voz de estibador: "((()DE QUIÉN ES ESTE censurado MONO?!!!".