AURYN

CLUB DE ROL

Las aventuras de Legolas, el elfo

por  Jordi Cabau

HA SIDO UN SUEÑO SIN HABER DORMIDO Capítulo 201

 

Salvando el Mundo (La Profecía)

30 Parte

 

          Las barcazas que realizaban el transporte de mineral Nimharmed abajo iban demasiado cargadas como para soportar el peso de todos nosotros en una de ellas, por lo que nos distribuimos en tres de las cinco barcazas que formaban el convoy.

          La mayoría de nosotros se despojó de las armaduras, pues las traicioneras corrientes del río hacían que a veces las barcazas dieran súbitos bandazos que podían lanzarnos al agua, donde corríamos el riesgo seguro de ahogarnos si caímos llevando una armadura.

          Sabiendo esto Blanche no se quitó su coraza: se hizo con unas cuantos odres a modo de flotadores, se los ató a la cintura y se ató al mástil central de la barcaza para no ser arrojada al agua por culpa de un bandazo. Durante todo el viaje permaneció en semejante postura... manteniendo a mano su ballesta y mirando amenazadoramente al resto de tripulantes, dispuesta a disparar al mas mínimo comentario jocoso acerca de su particular manera de viajar; comentario que no se produjo.

          También acondicionamos nuestro equipo y nuestras monturas en el centro de las barcazas, atando los caballos de forma que pudiésemos liberarlos fácilmente si había algún problema. Por suerte todas estas precauciones se revelaron inútiles: el viaje hasta la confluencia entre el Anaoth y el Nimharmed fue tranquilo, por lo que aprovechamos la ocasión para descansar.

          Esa tarde, poco después de haber dejado atrás la ciudad de Madir, Filiki el enano me despertó silenciosamente de mi siesta y me señaló el espectáculo que podía contemplarse a ambas orillas del río: durante varios kilómetros había cabezas de orcos clavadas en estacas, resultado de las persecuciones berserker contra los orcos que se replegaban hacia el norte, regresando de sus incursiones veraniegas (1).

          Los últimos rayos de sol iluminaban la dantesca escena con un color rojizo anaranjado. Una ligera neblina flotaba sobre el río y dibujaba formas fantasmales mientras las barcazas se deslizaban silenciosa y lentamente sobre la superficie del río.

          A lo lejos distinguimos las figuras gesticulantes de los mercaderes hamérykanos que habían querido subir a nuestras barcazas en Ur-Madir y a los que los barqueros habían negado el pasaje por ir demasiado cargados. Sus trajes verdes y gorros en forma de huevo, característicos de su pueblo, formaban un extraño contraste con la escena.

          - (Llevarnos con vosotros! -parecía que gritaban- (No nos dejéis aquí!

          A la mañana siguiente desembarcamos nuestro equipo y nuestras monturas y nos despedimos de los barqueros, emprendiendo viaje hacia el oeste. A un día de marcha a pie teníamos el Cinturón de Piedra que rodea el Valle de Taor, al otro lado del cual se encontraba la ciudad enana de Gilin en la cual teníamos pensado pasar la noche, gracias a la movilidad que nos proporcionaban nuestras monturas.

          El cielo estaba encapotado y amenazaba con volver a nevar, el frío aumentó y nos envolvimos en nuestras capas. Cuando empezamos a ascender por el Cinturón de Piedra Sátrapa, con el fin de hacer más llevadero el viaje, lanzó el conjuro de Resistencia al Frío con lo cual disminuyó en parte la incomodidad del ascenso aunque nos obligó a ir bastante juntos.

          A media mañana fue evidente que nos seguía de lejos un grupo de lobos hambrientos, aunque no lo bastante como para atacarnos... al menos, no todavía.

          Filiki Escudo-que-truena se ofreció a ahuyentarlos por lo que rogamos a Sátrapa que lanzase alguno de sus conjuros para librarnos de la manada. Después de que el clérigo realizase sus rezos y pases mágicos rituales apareció en el aire una nube de insectos a los que Sátrapa ordenó hostigar a los lobos. Los insectos se lanzaron hacia la lejana manada... saliendo de la protección del conjuro de Resistencia al Frío del sacerdote y cayendo muertos sobre la nieve, algunas decenas de metros mas allá...

          -Estoo... )se han fijado en aquella roca de allí? )que forma más curiosa, no? -dijo Ilga.

          -Pelota... -exclamó Valiana.

          -...curioso... -dijo Matt Farental el Marino.

          -...fascinante... -exclamó Piran de Astra.

          -...asombroso... -comenté.

          -...caramba... -exclamó Robingenolideus el Elfo.

          -...nani orakaná... (2) -murmuró Filiki Escudo-que-truena.

          -(iiik! (iiik! -chilló Titi mientras nos lanzaba piedrecitas desde el hombro de Piran.

          -...sólo es una roca -dijo Blanche- Por cierto (vaya cagada la del obispo! (JO! (JO! (JO! (3)

          Hacia el mediodía hicimos un alto para comer. Nos hallábamos ya en la parte interior del Valle del Taor, en tierra enana, según se apresuraron a indicarnos con orgullo Blanche y Filiki. Para comer cómodamente nos guarnecimos junto a una pared de roca para que nos protegiese del viento, pues los efectos del conjuro de Resistencia al Frío hacía rato que habían cesado.

          -)No oís ese tenue ruido mezclado con el viento? -dijo, entre bocado y bocado, Matt el Marino.

          -)Qué tenue ruido? -dije.

          -Si hubiese algo que oír, yo no lo oiría -comentó Valiana mirando desaprobadoramente a Filiki, el cual engullía ruidosamente.

          - Suenaf rarof -dijo Blanche mientras masticaba su comida.

          -Sí, pero (BURP! si te fijas oirás (CHOMP! mezclado con ése el (BURP! ruido que haría el aliento de un (ZAMPA! joven dragón negro al ser lanzado contra unas (BURP! rocas sueltas -puntualizó Filiki.

          -Eso no lo sé -añadió Piran mientras quitaba delicadamente la piel a una fruta y miraba con asco a Filiki-. Pero sí sé que es el ruido exacto que haría alguien que quisiera sorprendernos.

          -Estoo... ejem )de dónde viene exactamente ese tenue ruido? -dijo Robingenolideus quien, de pronto, había parado de comer.

          -)Te vas a comer eso? -dijo Filiki con ojos esperanzados.

          - )qué? ah ...parecía venir exactamente de encima de donde nos encontramos, aunque ahora ya no se oye. Sólo oigo el silbido del viento... y el silbido que producirían unas enormes rocas al caer -dijo distraídamente Ilga.

          Sátrapa, quien sin duda había llegado a Patriarca por su gran sabiduría, había permanecido todo el tiempo escuchándonos en silencio y, después de oír las palabras de Ilga, dejó de comer y levantó lentamente la mirada hacia el cielo.

          -... oh, mierda...

          -)Se va a comer eso, Eminencia? -dijo Filiki.

          Fueron las últimas palabras que oí mientras el cielo se desplomaba sobre mi cabeza...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(1) En lengua orca dichas incursiones de verano hacia el soleado Sur eran conocidas como thûr-ys'mö.

(2) Expresión enana de oscuro significado.

(3) Creo que fue a partir de aquel momento que empecé a desarrollar un cierto aprecio por Blanche Rompematarasga.