CLUB
DE ROL
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Las
aventuras de Legolas, el elfo
por
Jordi Cabau
HA SIDO UN SUEÑO SIN HABER DORMIDO Capítulo 241
Salvando el Mundo (El Sacrificio)
10 Parte
Tras haber dado digna sepultura a Matt
el Marino y haber hecho una pira con los cuerpos de los enemigos muertos
descansamos lo poco que quedaba de noche llegando al mediodía siguiente a la
ciudad enana de Galiroth, donde Sátrapa compró provisiones y monturas para
todos.
El Patriarca había sufrido mucho en su
enfrentamiento con el encapuchado: una maldición de éste lo había envejecido
volviendo su pelo blanco y haciendo aparecer arrugas donde antes no las había;
con una voz cascada que antes no tenía, Sátrapa se dirigió a los que
quedábamos:
-)Y bien? )Qué habéis decidido? )Vendréis conmigo hasta Dafar?
Para todos resultaba evidente que la
misión entrañaba un gran peligro, aunque las recompensas estaban a la altura de
éste. Algunos de los miembros del grupo teníamos una larga historia sobre
nuestras espaldas y le habíamos cogido cariño a nuestra piel, si habíamos
sobrevivido y llegado tan lejos en nuestras carreras era gracias a haber
participado en aventuras cuyos Destinos Marcados seguían criterios en los que
el peligro y las opciones para huir de éste guardaban un cierto equilibrio.
Por otro lado, algún día había que
morirse, uno no podía permanecer toda su vida metido en una karpetha (1)
por miedo a que la suerte no le acompañase en su próxima aventura.
Total, que aceptamos.
Debido al actual estado físico de
Sátrapa éste adquirió una carreta para hacer el viaje hasta Dafar más cómodo.
Una vez cargado parte de nuestro equipo en la misma con el fin de aligerar
nuestras monturas partimos hacia el sur.
Durante el camino tomamos toda clase
de precauciones y, pese a que no tuvimos malos encuentros durante el trayecto,
no bajamos la guardia en ningún momento. Robingenolideus, por su parte, nos
recordó que Lin el Buscador tenía tres hermanos con los que solía colaborar a
menudo: Tikon, Jalung TongPa y Aïm Debêst y que no sería raro que nos
tropezásemos con ellos en el futuro.
Una tarde, casi tres semanas después
de que saliésemos de la ciudad enana de Galiroth, nos encontrábamos a menos de
un día de viaje de Dafar y entrábamos con nuestra carreta en el recinto de una
de las múltiples posadas que hay en el camino que sale de la ciudad hacia el
norte. Poco antes nos habíamos cruzado con un destacamento de doscientos
jinetes dafareos que se dirigían hacia las murallas de Angorlan para reforzar
la guarnición.
Después de entregar nuestras monturas
y la carreta a un mozo entramos en la sala principal de la posada dispuestos a
alquilar habitación para esa noche.
Después de cenar Sátrapa se despidió
antes de subir a su habitación:
-Cuando mañana entremos en la
ciudad, deberemos firmar en el Libro de Registro de Entradas y exponer el
motivo de nuestra visita. Durante el desayuno os explicaré más detalles, ahora
estoy cansado. Buenas noches.
Los tres clérigos subieron a sus
respectivas habitaciones mientras el resto del grupo se quedaba en la acogedora
sala para hacer la última cerveza.
Para seguir con mi relato deberé
aclarar algunos aspectos del carácter de los habitantes de Dafar. Los dafareos
se enorgullecen de ser descendientes del legendario héroe Haroldo, el cual
fundó la ciudad tras la batalla de Angorlan. Son más altos y fuertes que sus
vecinos del sur, y sangre berserker corre por sus venas. Son una raza dura,
curtida por el sol y el viento, no reblandecida por las ciudades ni las
murallas, siempre presionados por sus vecinos del sur, del oeste y del norte.
Son los guardianes de las murallas de Angorlan y nadie puede cuidarlas como
ellos.
Dicho esto paso a describir tan
memorable velada.
Piran extrajo de su mochila un
instrumento musical típico de las ciudades del Sur: un turbomatófono d'amore.
Describir un turbomatófono d'amore
necesitaría de varias páginas: baste decir que es una especie de instrumento de
cuerda, viento y percusión que además puede utilizarse como bacinilla y
almohada cervical. La cuestión es que Piran procedió a interpretar una típica
canción sureña de forma magistral (contra todas las previsiones) que hablaba de
un lugar conocido como "la tierra de Dicsi".
Gracias a la excelente interpretación
algunos parroquianos arrojaron monedas para recompensar sus esfuerzos y,
espoleada por estos, Piran empezó a bailar mientras se acompañaba con el turbomatófono.
Blanche, nadie sabe si atraída por el brillo del oro o impulsada por un cambio
de carácter que empezaba a hacerse evidente, se sumó al espectáculo intentando
bailar siguiendo la música.
El espectáculo era... bueno... sigo
escribiendo.
Hasta ese momento Filiki había
permanecido indiferente a la representación. El enano charlaba tranquilamente
con Robingenolideus y conmigo mientras afilaba la hoja de su espada, sentado
con el respaldo de la silla apoyado contra la pared.
Al ver el espectáculo que estaban
dando los dos miembros femeninos de nuestro grupo Filiki comentó en voz alta
que aquello era degradante, humillante e indigno de unos aventureros que
intentaban salvar el mundo.
Piran y Blanche hablaron algo en voz
baja y prosiguieron sus evoluciones coreográficas de forma que las acercasen al
lugar donde se hallaba Filiki.
Súbitamente las patas de la silla de
Filiki resbalaron y éste cayó al suelo con gran estrépito: sin darnos cuenta
Piran y Blanche habían tendido mientras bailaban un cordel por entre las patas
de la silla del enano y al tirar de éste habían provocado la caída de Filiki,
sin duda como escarmiento a sus comentarios (los cuales no carecían de cierta
base argumental).
A todo esto, en una mesa cercana,
habían algunos guerreros de la guardia de Dafar conversando animadamente y
trasegando cerveza.
Al ver al enano en el suelo los
guerreros estallaron en carcajadas, golpeándose los muslos con fuertes
palmetazos y sujetándose el estómago (2).
-)Es demasiado alta la silla para vos, señor enano? -dijo,
burlándose, uno de los guerreros dafareos.
Filiki se levantó parsimoniosamente y
le contestó algo al soldado que se había dirigido a él con estas palabras.
No recuerdo exactamente lo dicho por
Filiki, pero si recuerdo que las risas de los dafareos cesaron repentinamente.
Mientras esto sucedía, y en vista del
cariz que estaba tomando la situación, Robingenolideus y yo decidimos subir a
nuestras habitaciones para no tener que dar explicaciones a los soldados (3).
Ambos hicimos el trayecto hasta nuestras habitaciones habiéndonos lanzado
respectivos conjuros de Invisibilidad.
Mientras permanecía tumbado en mi
camastro estudiando tranquilamente a la luz de una vela el Conjuro Para Invocar
A Una Joven, Bella Y Complaciente Virgen En Tu Laboratorio (4) del Maestro K.
Lyente pude oír como evolucionaba la situación:
-!Vas a tragarte esas palabras,
enano! -dijo Bravucón, mientras se oía el ruido de como desenvainaba su
espada seguido por los comentarios de apoyo de sus camaradas.
-(Nada de armas! (A puñetazos! -gritó Filiki- (A puñetazos! (CRUNCH! -se oyó.
De repente se hizo el
silencio.
-(Táison, levántate! -gritó uno de los
soldados.
E instantes después.
-(Tiene el cuello roto! (Lo has matado, enano! (Has matado a Táison! -dijo la
voz de otro de los soldados.
A continuación empecé a oír el
inconfundible sonido que producen diversas espadas al ser desenvainadas.
-...oh, no... -murmuré.
(1)
Expresión élfica: )Cubierta con que se
guardan y ordenan los legajos?.
(2)
Mientras, Piran y Blanche se habían escabullido debajo de la escalera que
llevaba al piso superior.
(3)
")Quién? )El enano? No, no lo conozco".
(4)
Lamentablemente son necesarios ochenta años para llegar a memorizarlo
correctamente pero, teniendo en cuenta lo que vive un elfo, tenía esperanzas de
poder usarlo alguna vez.