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CLUB DE ROL

Las aventuras de Legolas, el elfo

por  Jordi Cabau

CAPITULO I

HA SIDO UN SUEÑO SIN HABER DORMIDO

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Parece que hayan pasado siglos desde que salí del Lago Sueño (allá en el lejano Zolarien, mi tierra) para buscar aventuras en esta tierra que los hombres llaman Darlans; de hecho, así ha sido. Con doscientos diez años soy joven para los de mi raza pero lo que he llegado a vivir, así como las veces que he estado a punto de morir, han hecho que mi mente y mi corazón envejezcan más deprisa que mi cuerpo

Como ya habrás podido adivinar lector, soy elfo, y escribo este relato en la lengua que hablan los hombres para que todos puedan conocer mi historia y ¿quién sabe? tal vez sacar provecho de ella.,

Hasta ahora nunca había pensado en escribir mis andanzas pero algo que he descubierto hace poco (y que explicaré en su momento) me impulsa a hacerlo. Tal vez sea otro quien acabe este relato, no lo sé; pero puesto que he sido yo quien lo ha empezado hagámoslo desde un principio.,

Mi primera aventura...,

Dicen que todo aventurero no olvida nunca su primera aventura (de hecho, la mayoría de las veces también resulta ser la última), he olvidado los detalles pero la historia era más o menos así:,

Todo empezó cuando me encontraba descansando en una posada del duro viaje que representaba cruzar el Paso Tortuoso en invierno (1). Si, ya lo sé, es curioso que la mayor parte de mis aventuras hayan empezado en una posada, pero ¡que demonios! es el segundo mejor lugar que conozco para encontrar un aventurero (2). Un miembro importante de la real casa de Holgart se me acercó y me contrató para, junto a ocho aventureros más (3), rescatar al hijo del rey de Holgart, el cual había sido secuestrado (4).,

Bien, la cuestión es que fuimos todos a casa de uno de los principales sospechosos del secuestro. Se trataba del maestro del joven príncipe, el cual no había sido visto desde la desaparición de éste... ¡ah! me olvidaba decir que el tipo era mago (5). Tenía una casa subterránea (6) en medio de un bosquecillo, la entrada de la cual era vigilada por unos "simpáticos" pixies: te pedían una moneda de oro si querías entrar a ver al mago. Tengo el orgullo de decir que yo fui el primero en entrar, y el único que no pagó por hacerlo (7).,

Han pasado muchos años y de la casa del mago sólo recuerdo claramente tres cosas: la primera que la batería de cocina se puso a volar nada más entrar en dicha habitación (8), la segunda fue que, al entrar yo solo en una de las habitaciones debido a que nadie del grupo se atrevía a hacerlo, me cayó algo (9) encima que estuvo a punto de acabar conmigo (no sería la primera vez)... lo que empezó a preocuparme fue que mis camaradas no oyesen mis gritos pidiendo ayuda (10). Fácilmente el mago del grupo y yo dedujimos que habían secuestrado también al maestro del príncipe, por el estado en que se encontraba la habitación del propietario de la casa (11).,

No, no me olvidaba del tercer incidente: el enano, en su voraz afán de "buscar pruebas" de la culpabilidad o inocencia del mentor del hijo del rey, encontró al pie de un escritorio (exactamente junto a la valiosísima alfombra de pelo de yak) un trozo de papel en el cual, nos dijo, había "argo ezkryto" (sin duda un mensaje hecho por el mago en un descuido de sus captores). El mago del grupo y yo (12) dedujimos que debía de haber escrito alguna importantísima pista: ¡tal vez el lugar adonde lo llevaron!.,

Sí, digo dedujimos, puesto que el enano había usado el papel para encender una antorcha ¡ah! ¡por cierto! el enano (el único que había visto el mensaje) desconocía el contenido de la nota... no sabía leer (13).,

Cuando al fin salimos (14) de aquella casa tuvimos una (15) sorpresa: al atravesar de vuelta a la posada el bosquecillo (16) nos salieron al paso una docena de orcos emboscados, nos lanzaron una enorme red que me inmovilizó a mí y al guerrero, fallando de muy poco al mago. Éste decidió usar uno de sus más poderosos conjuros (17) para hacer frente a los orcos y pronunció las palabras mágicas del conjuro de Sueño (lo reconocí porque yo también lo conocía), pero algo salió mal... nunca llegaré a explicarme el qué: ¡el mago, el guerrero y yo nos dormimos!.,

Bien, es tarde y hay que descansar, mañana continuaré con mi relato,

Legolas el Elfo,

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NOTAS  (Pinchando en el número puedes volver a la zona de texto en que estabas),

(1) para los que no lo sepan el Paso Tortuoso une el Valle del Dornolt con el país de Tolgor, atravesando las Montañas Serradas,

(2) el primero es el cementerio,

(3) éramos tres guerreros, un mago, un enano, un ladrón y dos elfos, incluido yo,

(4) entonces yo no sabía que (aparte de estar reinando) estar secuestrado era uno de los estados naturales de los reyes de Holgart,

(5) entonces no sabía que no es recomendable entrar en la casa de un mago sin el permiso de éste,

(6) seguramente sufría de fotofobia, es la única explicación que se me ocurrió,

(7) también fui el único al que maldijeron por ello... algún día explicaré en que consistió la maldición,

(8) salimos mucho más deprisa que no entramos,

(9) con el tiempo llegué a averiguar que era un Lodo Verde,

(10) "Perdona tío, no te oímos" fue lo que me dijeron cuando salí medio muerto después de acabar con el bicho. Es curioso pero todos ellos se encontraban tan sólo a 5 m., separados de mí por una endeble puerta de madera que (estoy casi seguro) no dificultó en absoluto la perfecta audición de mis peticiones de socorro. Había algo allí que no funcionaba...,

(11) de hecho la casa quedó en muchísimo peor estado después de nuestra visita: el ladrón, uno de los guerreros y el enano se dedicaron a "buscar pruebas" entre las pertenencias del mago. Yo no acababa de entender que información podían aportar a nuestra búsqueda los candelabros de plata y los tapices. La explicación que a mí y al mago nos dio el enano no acabé de entenderla en aquél momento: "cusha tío, akí ay pasta gansa ¡ke le den polkulo al ijolrei!",

(12) empezaba a caerme bien aquél mago: usaba la cabeza para algo más que para llevar casco, lástima de como acabó... ¡en fin! ¡que se le va a hacer!,

(13) fue entonces cuando empecé a pensar que la tradicional desconfianza que mi raza siente hacia los enanos no estaba del todo injustificada,

(14) uno de los guerreros, el mago y yo (el resto habían ido activando con su "búsqueda de pruebas" algunos ingeniosísimos sistemas antirrobo; no, no consigo acordarme de como acabó el enano, pero estoy seguro de una cosa: acabó),

(15) desagradable,

(16) no había ni rastro de los pixies (tal vez porque llevaba mi arco largo con una flecha puesta en él aunque, como se verá más adelante, eso no me sirvió de mucho,

(17) de hecho, el único que sabía,

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