AURYN

CLUB DE ROL

Las aventuras de Legolas, el elfo

Por Jordi Cabau

CAPITULO II

HA SIDO UN SUEÑO SIN HABER DORMIDO

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Desperté en una celda bastante típica: tres paredes de piedra y la cuarta formada por barrotes. A mi lado estaba, despertó, el Mago. Me dijo que un rápido examen le había descubierto que nos habían quitado todas nuestras cosas (1). A través de los barrotes se veía un pasillo con otras celdas y, al final, una escalera que subía. Llamamos a gritos pero nadie acudió... aunque nos contestaron algunos pintorescos personajes que, al parecer, habían sido capturados también por los orcos. Hablando nos enteramos que eran tres guerreros (2) y un halfling que llevaban allí el mismo tiempo que nosotros.

Decididos a escapar no se nos ocurría ningún plan hasta que el Mago me dijo que, ya que los elfos teníamos una habilidad natural en encontrar puertas secretas porqué no buscaba una. Le dije que aquello me parecía una estupidez: una puerta secreta en una celda ¡a quién se le ocurriría!, el me contestó si teníamos algo mejor que hacer. Total que me puse a buscar por hacer algo... y encontré una puerta secreta.

Empecé a dudar de las facultades mentales de quien nos hubiera capturado pero, bueno, la cuestión era escapar. El mago y yo nos pusimos a seguir con cautela el pasadizo secreto que había tras la puerta, el cual, tras dar muchas vueltas desembocó... en el pasadizo donde se hallaban las celdas de donde habíamos salido. Mientras el mago y yo hablábamos de lo ocurrido (3) los otros prisioneros nos indicaron que buscásemos donde podían estar las llaves de sus celdas. No fue muy difícil encontrarlas... estaban en un gancho justo al pie de la escalera que subía. Fácil ¿no?.

Bien una vez todos libres, buscamos nuestros equipos sin éxito por lo que, armados dos guerreros con sendas dagas que habían sobrevivido al registro de nuestros captores y el resto con antorchas, empezamos la ascensión por la escalera. Al llegar arriba había una puerta. Escuchamos tras ella y oímos a cuatro guardias humanos jugar a las cartas.

Nos pusimos de acuerdo y entramos en tromba mientras usábamos nuestras improvisadas armas contra los guardias. Todo salió bien y acabamos con ellos sin hacer mucho ruido. Parecía que, al fin, había encontrado un grupo de aventureros inteligente y coordinado (4).

Abrimos la otra puerta que había en la habitación y, tras caminar por un corto pasillo, descubrimos dos cosas:

A) estábamos en la sala principal del cuerpo de guardia de lo que parecía una gran fortaleza y
B) pese a ser mediodía, no había nadie en ella

Decididos, avanzamos con precaución abriendo puertas, y escuchando antes de hacerlo. Fue así como recuperamos nuestro equipo, hallado en lo que parecía un almacén de armas.

Mas seguros de nosotros mismos seguimos abriendo puertas... hasta que alguien abrió una puerta que era la del cuarto privado del jefe de la guarda de allí, estando el jefe, un humano, dentro.

Debí empezar a darme cuenta de que algo raro pasaba cuando el tipo no dió ninguna voz de alarma y, silbando, se dirigió hacia nosotros mientras volteaba su pesado mandoble.

Los tres guerreros se lanzaron sobre el tipo y, al cabo de poco tiempo ya sólo quedaba un guerrero en pie (5). Aunque el tipo parecía bastante malherido todavía le quedaron fuerzas para acabar con el mago, antes de que una acción conjunta entre el halfling y yo (a base de lanzarle redomas de aceite y antorchas) le hiciese bajar los humos (6).

Hasta entonces yo no sabía que "con el tiempo" algunas personas (7) podían llegar a adquirir una extraordinaria "resistencia" ante los golpes. Pero ya lo sabía.

En el cuarto del tipo pudimos encontrar unos papeles que detallaban el sitio donde, al parecer, tenían prisionero al hijo del rey. Al parecer no era aquella fortaleza si no un complejo de cuevas que había en unas montañas a varios días de viaje de la capital.

Los supervivientes volvimos a la rutina de escuchar y abrir muy lentamente las puertas. Así vimos el porqué de la falta de guardias: estaban haciendo instrucción en el patio de armas de la fortaleza. Eran los suficientes para que comprendiésemos que aquel no era el buen camino.

Probando puertas encontramos por fin lo que parecía ser la salida: un larguísimo pasillo al final del cual una puertecita desembocaba fuera de las murallas de la fortaleza... en un ángulo fuera del alcance de la vista de los centinelas.

Salimos corriendo y nos alejamos hasta llegar a un cercano bosque, donde nos escondimos y recuperamos el aliento. Nos pusimos en marcha hacia el lugar donde pensábamos que estaba la ciudad de Holgart.

Por el camino leímos los papeles que habíamos encontrado, así nos enteramos que detrás de todo el asunto se encontraba el hermano del rey, el cual no quería verse fuera de la sucesión al trono y, por ello, había tramado toda la operación para desprestigiar al maestro del crío (el mago cuya casa habíamos explorado) y acabar con éste, liberando al mago para que fuese hallado por los hombres del rey y éstos acabaran con él (8).

A partir de entonces todo sucedió muy rápidamente: antes de llegar a la ciudad encontramos al mago, que había sido liberado por sus captores de las cuevas. El hombre se dirigía a la ciudad para informar al rey de lo sucedido, pero nosotros le enseñamos los papeles y le contamos lo ocurrido. Entramos en la ciudad ocultando al mago en una casa y conseguimos una oportunidad de explicárselo todo al rey, el cual mandó buscar al mago y confirmó nuestra historia. El hermano del rey desapareció y el monarca nos encomendó la misión de ir a las cuevas a liberar a su hijo... deberíamos de habérnoslo pensado.

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NOTAS  (Pinchando en el número puedes volver a la zona de texto en que estabas),

(1) creo que fue a partir de aquel momento que empecé a desconfiar de los magos

(2) uno de ellos el que nos acompañaba

(3) mientras intentábamos hacernos unos tapones con trocitos de tela para las orejas para que no se nos saliera el cerebro

(4) faltaba poco para que cambiara mi opinión

(5) no, no era el que nos acompañaba desde el principio

(6) bueno, la verdad es que se los subió hasta límites inconcebibles

(7) digamos "no del bando de los buenos"

(8) sin darle tiempo a hablar ,

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