Tzimiche

Preludio

 

Hoy ha tenido lugar una pequeña pero cruenta escaramuza. He perdido a tres de mis hombres, aunque solo lamento la perdida de Albert, era uno de los pocos hombres de confianza que me quedaban.

 

Les oigo cantar, reír, celebrando la victoria. En otro tiempo yo estaría allí con ellos, bebiendo alrededor de la hoguera, escuchando sus más que conocidas hazañas, pero ya no puedo.

 

         Andrea mi fiel lugarteniente me trae una copa. Le observo mientras se va acercado, sonriente, mirándome directamente a los ojos. Solo se lo permito cuando estamos a solas. Me acerca la copa, cuando la voy a rechazar lanzándole un reproche, me fijo en el contenido y sonrío. Acepto el regalo. Apuro ese exquisito elixir, calmando un poco mi sed. Mi atención se centra en mis “invitados”. Esos estúpidos nos han atacado, lo peor de todo es que lo hicieron antes del anochecer. Casi llegaron hasta mi carruaje. Querían mi cabeza, no eran vulgares bandoleros. Tengo unas tremendas ganas de interrogarles, pero esperaré a llegar al castillo donde mi padre decidirá. Pero están los otros, unos tristes campesinos que les han ayudado. Un hombre y dos mujeres. Mis hombres están cansados del viaje y tan tenido que enterrar a tres de los suyos. Creo que les voy a dar una pequeña recompensa.

 

         Le susurro a Andrea mi idea y él se encarga de decírselo a los chicos. Le dejo elegir a la chica que más le guste y entrega la otra a los chicos. Se la llevan a rastras. El hombre apenas es mayor que yo, al menos en apariencia. Incluso bajo esa capa de mugre se puede apreciar un rostro atractivo.

 

         A lo lejos oigo los chillidos de la una de las mujeres y las risas de mis hombres. Andrea es mucho más silencioso. El campesino esta asustado. Me acerco lentamente mientras no para de temblar y veo cómo resbalan por sus mejillas unas lágrimas, pero no pide piedad, ni suplica por su vida, sabe que no la va a tener.

 

         Cuando termino de saciar mi hambre todavía le queda vida. Le limpio la cara, realmente es guapo. Andrea ya ha acabado con su regalo y nos esta observando. Se que no le gusta que me acerque a otros hombres, pero a veces me divierto provocándolo, me gusta ver brillar sus ojos, notar como todo su cuerpo se tensa.

 

         Cuando acabo entregamos los restos a los muchachos, Andrea les entrega el hombre y les susurra algo al oído, creo  que este chico es un poco cruel.

 

         A veces pienso como podría haber sido mi vida, si estuviera viva, pero no lo estoy y no hay arreglo posible.

 

Introito

 

         Soy Erik, hijo del señor de .......................... Nací hace unos cincuenta años, aunque sólo aparento una veintena. Mi padre se casó por poderes con Erika, mi madre, una noble austríaca. Nadie creería que con el tiempo mi padre llegaría adorar a esa pequeña criatura. Era esbelta, de ojos claros y piel blanca, de salud delicada, que a cada parto moría un poco con la desgracia de que sólo tenía hijas. Después de su quinto embarazo los médicos le recomendaron que no volviera a tener hijos, su vida podría correr peligro.

 

         Por lo que me contó mi dida, mi padre estuvo varios años sin tocarla, no quería correr el riesgo de perderla. Tampoco se le conoció ningún lío de faldas, no quería avergonzarla.

 

         A cada año que pasaba nuestros queridos vecinos veían aumentar la posibilidad de ampliar su territorio a coste de mi familia.

 

         Mi madre sabia que con el tiempo todo esto iría a peor y que lo máximo que podía llegar a hacer mi padre era firmar una alianza con algún vecino, arreglando el matrimonio de su hija mayor. Pero siempre tuvo ideas propias y la situación en la que se hallaba su matrimonio no le gustaba nada.

 

         Mi padre se había ido amargando poco apoco. Vivía con la mujer que amaba, pero no se atrevía a tocarla y eso le hacia daño aunque siempre tenia una sonrisa para mi madre, era dulce y sensible con ella.

 

         Una noche mi padre volvió borracho. Venia de perseguir a unos asaltadores de camino. Mi madre despidió a la servidumbre y le atendió personalmente. No sé lo que le dijo o lo que haría, pero volvieron a compartir cama. Poco después reclamaron a mi padre que tuvo que partir. Cuando volvió había cambiado, había sido abrazado. Por lo que él me dijo su “padre” le había retenido durante varios meses y si no se hubiera escapado de su  “protección”, se habría pasado años.

 

         Volvió la noche en que yo nací y en que, por desgracia, murió mi madre. Cuando llego el momento del parto mi  madre no paraba de llamarlo, pero él no llegaba, al final le fallaron las fuerzas y su vida se extinguió. Fue cuando él apareció. Dicen que estuvo en un rincón de la habitación mientras el cirujano me sacó del  cuerpo sin vida de mi madre. Cuando me llevaron a él  a duras penas pudieron impedir que me arrojara a las llamas, solo su dida consiguió controlar su dolor.

 

         Creo que me habría odiado toda mi vida si mi madre no hubiera escrito su diario. En él hablaba de mi y del amor que sentía por él. Gracias al diario mi padre pudo verme como me veía ella. Cuando mi madre lo escribió sabía que su muerte estaba cercana pero el sentir en su interior cómo la vida comenzaba, le daba fuerzas. Yo era su último regalo.

 

         Si él hubiera llegado un par de minutos antes, ella estaría viva. Es algo que mi padre jamás se ha podido perdonar, todo el afecto que sentía hacia mi madre lo volcó en mi.

 

         Pero había un problema, el de siempre, yo era una niña y  él necesitaba un varón. Su adorada esposa había fallecido y ya no podía tener más hijos. Bajo pena de muerte toda al servidumbre diría que yo era un niño y bajo este presupuesto fui criada.

 

Él partió para terminar su aprendizaje y yo fui creciendo siendo tratada como un chico. Cuando tenia cinco a tal vez seis años él volvió. Cogió las riendas de mi educación, a diferencia de con mis hermanas. Para mi era diferente, siempre tenia el tiempo que yo necesitaba.

 

         Crecí junto con Andrea. Hasta fui amamantado por su madre. Él fue mi compañero de juegos y de estudios. A los trece años descubrí que era una mujer. Fue algo brutal. Siempre me había metido con mis hermanas, por sus caracteres frágiles y delicados y un día, de repente, descubro que soy como ellas. Todavía resuenan en mi cabeza las palabras de mi padre: “¿quién es Dios para decidir si puedes o no ser mi heredero?. Ella dió la vida para que yo tuviera un heredero y eso es lo que tengo. Tu cuerpo físico no es nada, solo es barro que se puede moldear. Tal vez lo haga algún día. Cuando seas adulto y estés preparado.”

 

         Jamas jugué con muñecas. La espada y el caballo fueron mis juguetes. Hasta que se convirtieron en una extensión de mi cuerpo. Dejé de crecer a los veinte, cuando mi hermana menor se caso. Fue una fiesta por todo lo alto. Yo y los chicos nos comportamos como unos auténticos salvajes. Tomamos la posada y no la abandonamos hasta que al día siguiente bajaron del castillo a buscarnos. Todos estabamos muy bebidos.

 

Cuando él vino a mi habitación, yo apenas era consciente de lo que pasaba  alrededor. Echado en el lecho sintiendo que el mundo no paraba de moverse bajo mis pies. No fui consciente de su presencia, hasta que estuvo encima de mí. Comenzó a hablarme de lo buen hijo que era, que estaba orgulloso, etc. Luego comenzó a jugar con mi pelo, acariciándolo, mientras me comentaba que era como el de mi madre. Y entonces comenzó a hablarme de la vida eterna. Se sentó en la cabecera de mi cama y yo me apoyé en su regazo. Comenzó a peinarme con sus manos, apartando el cabello de mi frente. Depositó en ellos un delicado beso y luego en mis párpados, luego en los labios y por ultimo en el cuello. Note como la piel del cuello cedía bajo sus dulces colmillos, cómo sus fuertes brazos me abrazaron. El placer que sentía era nuevo para mí pero, de repente,  me soltó. Fue un shock brutal. Me dejó caer a un lado, mientras se alejaba de mí sin dejar de pedirme disculpas, asustado por su acto. Lloré como una criatura. Era la primera vez en mi vida que me rechazaba y se alejaba de mí. Más tarde, cuando ya el sueño y el cansancio me habían vencido, él volvió. También había llorado y no paraba de decirme que quería oírme reír, sentirme llena de vida, que no volvería a repetirse nunca más lo sucedido.

 

         Me había gustado, pero yo sabía que mi padre sentía sed de sangre y que para él solo era su forma de alimentarse. Entonces se hizo una herida en la muñeca y me ofreció de beber: - Hijo, tu madre te dió la vida y yo te doy la eterna juventud. Mi sangre impedirá que el tiempo pase.- y de esta forma me fue dando parte de su esencia durante años.

 

Interludio Apasionado

        

         Pero Dios dijo que no era bueno que el hombre estuviera solo. En las fiestas y en alguna otra ocasión había tonteado descaradamente con alguna chica y en alguna ocasión incluso había llegado a algo más. Nunca nadie me lo reprochó y mis bromas fueron haciéndose más crueles, sin ninguna clase de miramiento hacia mi víctima. Esto desencadeno  un pequeño drama.

 

         Durante la fiesta del Santo Patrón de estas tierras, Andrea y yo habíamos estado haciéndole la vida imposible a una criada nueva. Le susurrábamos palabras obscenas y buscamos el contacto con su cuerpo. Era tímida como un pajarito y era divertido verle temblar. Nos jugamos cual de los dos conseguiría que abandonara la fiesta llorando, desatendiendo sus obligaciones aun sabiendo que seria castigada por ello. Mi padre asistió a la fiesta y nos pilló en medio de este juego cruel. Temía que se enfadara o que reprochara mi comportamiento pero sólo se hecho a reír e hizo que la muchacha le atendiera personalmente durante la fiesta, dejándonos sin diversión.

 

         Al ser privados de nuestro juguete, nos dedicamos a beber y a cantar durante el resto de la noche. Después nos retiramos a nuestros aposentos y allí estaba ella, en mi cama, desnuda bajo las sabanas, temblando. Mi padre estaba sentado a su lado, sonriéndome. - Hijo, ya es hora de que te “diviertas”- Sin decir nada más se marcho. Dejándome con la palabra en la boca.

 

         Ella salió de la cama y me ayudó a quitarme la ropa. No se sorprendió por mi verdadera naturaleza o al menos no lo dejo ver. Entre el alcohol que había ingerido y las más que sutiles insinuaciones de la muchacha, termine por sucumbir a sus encantos. Para ser mi primera experiencia no estuvo mal. Al día siguiente Andrea se hizo cargo de ella, para convencerla de que no dijera nada de lo que había descubierto esa noche.

 

         Estuvo una larga temporada calentando la cama de Andrea. Demasiado tiempo para mi gusto. Yo esta irritada con él y no soportaba su presencia, era demasiado doloroso.

 

-         Mi señor, ¿os he ofendido en algo?

-         No. Solo que tu presencia ya no me es grata.

-         ¿Qué? – Fue como si le hubiera abofeteado, no podía creerse mis palabras- ¿Erik qué ha pasado?.

-         No se tu sabrás – Estaba tan irritada que mis palabras eran cortantes y frías – Has cambiado y prefiero otras compañías más agradables – Estaba tan furiosa que mi voz temblaba mientras controlaba mi rabia.

-         Hemos pasado muchas cosas juntos, al menos dime a la cara que es lo que ha pasado – Su voz le delataba y apenas puede contener las lagrimas. Estaba tan fuera de mí que continué atacándolo con saña.

-         Ya no importa. A lo hecho pecho. – Dios esto duele pero no tanto como saber que esta con ella y no conmigo. Si no hago esto ahora terminare matándolo o haciendo alguna otra locura. Pensé

-         Erik me dejaría cortar el brazo derecho si con ello consiguiera tu perdón. Dime que quieres que haga y lo haré.

-         Quiero que cojas a tu ramera y que os larguéis antes del próximo amanecer.

-         ¿Qué? ¿Estas furioso por eso?. No es nadie. Ya han habido otras y jamás se han interpuesto entre nosotros, tú lo sabes.

-         No. No lo sé. – Se quedó paralizado mirándome y las lagrimas comenzaron a correr por mis mejillas.

-         Ella no es nada.

-         ¿De verdad?. Jamas me ha importado que tuvieras amantes, pero...

-         Es contigo con quien quiero estar.

-         Ya sé que lo nuestro era....

-         ¿Era...?. Siempre me he conformado con estar a tu lado, con tenerte cerca, aunque no te pudiera tocar.

-         Sabes también como yo que no podía. No puedo... Que no debo... No me importaba demasiado que te desahogaras, pero con ella has establecido un vinculo de pareja y eso me ha destrozado.

-         No... – él tampoco pudo contener las lagrimas.

-         ¿Cuánto llevas con ella?. Nunca nadie te había durando tanto tiempo.

-         Ella estuvo contigo.

-         ¿Y?

-         Tenerla cerca era como estar un poco más cerca de ti, solo era eso.

-         No soporto verla cerca de ti, no puedo tenerla cerca. Tu eliges Andrea.

 

         Se fue sin más y yo me tragué mis lagrimas. Cogí mi caballo y cabalgué con todas mis fuerzas, hasta el agotamiento. Esa noche no volví al castillo, me quede en un viejo y abandonado molino.

 

         A media noche él vino en mi busca. Yo estaba despierto mirando fijamente el fuego. Recuerdo perfectamente la escena:

 

-         Erik

-         Te dije que te fueras. Es lo mejor.

-         No.

-         De verdad. Esta situación comienza a ser insostenible. Todo era más fácil cuando éramos pequeños.

-         y éramos como hermanos, pero fuimos creciendo.

-         ¿Cómo hemos llegado a esta situación?

-         No lo se, solo se que te fuiste metiendo lentamente en mi corazón.

-         Pero ahora esta ocupado.

-         Solo por ti.

-         ¿Y ella?

 

         Me hace acompañarle hasta su caballo y allí veo un bulto. Al acercarme compruebo que es ella. La obliga a entrar en el molino y sin mediar palabra alguna la degüella.

 

- Ya no existe. Jamas permitiré que nada ni nadie se interpongan entre los dos.

 

         Se acerca a mí. Todavía tiene la daga en la mano y la extiende hacia mí. Cojo la daga y la dejo caer a un lado. Sin escuchar la razón comienzo a besarle apasionadamente, dejándome llevar por un deseo controlado desde hace demasiado tiempo. Al principio él no reacciona, cuando se da cuenta de que no es un sueño ni un juego se deja llevar por el momento.

 

Desde esa noche fuimos amantes. Con el paso de los años él fue envejeciendo y yo no. Cuando nos quisimos dar cuenta aparentábamos tener sobre diez años de diferencia de edad, pero yo seguía a su lado.

 

Scherzo Agitado

 

         Un día llegó a nuestro castillo un mensajero tzimisce. Era un tipo muy pintoresco, sus facciones eran inhumanas y poseía el comportamiento de un animal. Tenía que llegar a una cita importante. Se estaba cociendo algo gordo y era probable que se hiciera una gran incursión en la zona. Algo lo bastante importante como para unir a unos cuantos señores. Necesitaba que alguien le guiara. Una persona que pudiera defenderlo de día y que conociera la zona, una persona de confianza, ya que había recibido varios atentados. Tenía que llegar lo antes posible y yo iba a ser su escolta. Teníamos que movernos deprisa y sin ser vistos y así lo hicimos. Fue realmente duro. Sobre todo por el hecho de que prácticamente no dormía y que el muy cabrón se dedicó a hacerme la vida imposible.

        

         Cuando me despertaba de mis cortas cabezadas ahí estaba él, mirándome fijamente, agazapado en la sombra. Me controlaba como si yo fuera un dulce pastelito. Fue un alivio cuando llegamos a la reunión. Por fin me despedía de la misión. Después de estar durmiendo un día entero, recuperando el sueño atrasado y dando un más que merecido descanso a mi dolorido cuerpo. Me disponía a regresar a casa, cuando el señorito tuvo a bien comunicarme que yo también iba a tener el placer de ser su escolta de regreso. Lo peor fue que me lo dijo entre carcajadas. Le divertía atormentarme pero yo no me acobardaba  y a cada nueva broma cruel le respondía con una sonrisa en los labios y una mirada de desafío en los ojos.

 

         La reunión estaba durando varios días y era tedioso estar allí sin nada que hacer. Hasta que un día, cabalgando por los alrededores, descubrí una pequeña fuente termal y no me pude resistir a la tentación. Esperé a que hubiera anochecido para que nadie pudiera ver mi autentica forma y me dispuse a disfrutar del agua. El calor relajó mis atormentados nervios y ...

 

- Vaya, vaya. El buen hijo del señor.............. resulta ser un pequeño renacuajo.

 

         En ese momento pensé: Dios, no sé cómo ese tipo me ha localizado, y en el  peor momento. Va a  descubrir que soy. Si pudiera le partiría en dos. Pero esta cortando camino hacia mis posesiones.

 

-         Largate, estoy disfrutando de un merecido baño – Es lo único que acerté a contestarle.

-         Eso ya lo veo. No tienes que ser tan arisco conmigo pequeño somos aliados. Te conviene tener buenos tratos con nosotros.

-         Si deseas hacer tratos con mi familia dirígete  a mi padre, yo solo soy tu escolta y mientras estés en el castillo ni eso.

 

         Oí cómo caía su ropa al suelo y antes de que pudiera reaccionar entró en el agua.

 

-         Esta agua esta... – ¿Como puedes cubrir tu cuerpo desnudo en el agua?. Ví su mirada de asombro y luego tuve que soportar cómo su mirada me evaluaba. – Vaya, vaya. Si el muchacho es toda una hembra y muy bonita.

-         ¿Y?

-         Esto va a ser más divertido de lo que esperaba.

 

         Ese cabrón  había salido de caza y yo era su presa. Como puedes defenderte de alguien con más fuerza que tú y que ni siquiera es un ser humano. Él venía a tomar parte de mi sangre, pero después del descubrimiento se tomó otras libertades. Fue violento, desagradable y muy humillante. Cuando terminó, se asustó de mi mirada. No era la de una presa vencida, sino la de un enemigo esperando el momento de saltar.

 

- Te mataré. Arrancaré tu corazón  y me lo comeré – no elevé la voz y sin decir nada más me vestí. No permití que me viera llorar o que supiera hasta que punto me había hecho daño.

 

Ese fue mi segundo error de la noche. Si me hubiera comportado como una muchacha tonta se habría divertido una vez conmigo para luego dejarme como un juguete que ya no es divertido. Al plantarle cara y demostrarle fuerte carácter le atraje más. Durante toda la semana que duraron las negociaciones me asaltó en diversas ocasiones. Aunque la peor fue la última. Los asaltos fueron solo horribles y detestables excepto esa última. Para esa ocasión el muy hijo de p.... lo hizo diferente. Al mezclarlo con su mordisco hizo que fuera placentero. Cuando se marcho lloré de rabia y culpabilidad.

 

         De regreso a casa fuimos escoltados por media docena de soldados. En esta ocasión era él el que se despertaba siendo vigilado. Esperaba el momento adecuado, controlando mi sed de venganza y mi odio.

 

         En el castillo fuimos recibidos por mi padre el cual no dejo de ver que había ocurrido algo entere los dos. Cuando me preguntó  tuve que morderme los labios para no explicar lo ocurrido. No podía permitir que mi orgullo y ganas de venganza impidiera que mi padre se beneficiara de la alianza, resultando una presa fácil para sus enemigos.

 

         Miré de reojo a ese ser y tuve que soportar su sonrisa. Se reunió con mi padre explicando las conclusiones a las que habían llegado.

 

         Fui en busca de Andrea, necesitaba su presencia y afecto. Hasta que ese desgraciado no se marchara no despertaría tranquila.

 

         A la noche siguiente se largó el muy hijo de Puta, pero antes vino a despedirse de mí. Yo estaba junto a Andrea. Nos pilló mientras recuperábamos el tiempo perdido.

 

 - La manceba se divierte con los soldaditos.

 

         Como impulsada por un resorte llevé la mano a la empuñadura de mi espada y otro tanto hizo Andrea.

 

         Lo que he visto en la profundidad de sus ojos no me gusta nada. Es el tipo de hombres que se creen que marcan su territorio y que cuando ven que no se respeta se cabrean.

 

-         Adiós – Dije mientras comenzaba a desenvainar mi espada lentamente.

-         Siempre tan arrisca. Ahora podrás comparar la diferencia que hay entre los brazos de un triste moral o de un hijo de Caín. Puedo mostrarte maravillas que ni siquiera soñaste.

 

         Andrea no sabía que hacer y se quedó mirandome con cara de perro apaleado, esperando una respuesta a su muda pregunta.

 

- Tienes razón cabrón. He probado tus abrazos y los de él y desde luego que no hay lugar a duda. – Me giré dándole la espalda – Nos vamos Andrea.

 

         Me sobresaltó con su grito de rabia, pero al lanzarse sobre mí se encuentra con el filo de mi espada.

 

- Verás pedazo de mierda, ahora estas en las tierras de mi padre. Si él se entera de lo que me has estado haciendo olvídate de continuar con tu existencia y si das otro paso te abriré en canal y enviaré tus pedazitos a tu familia. ¿Quieres que los tuyos sepan que has fallado por un revolcón?. Dame una justificación para destrozarte.

 

         Vi su mirada llena de furia, pero el tipo no era tonto, yo estaba preparada y en un terreno ventajoso. Pero cometí un error fatal, no conté con la reacción de Andrea. Sin poder evitarlo se lanzó contra el vampiro lleno de dolor y totalmente fuera de sí. Apenas dura un soplo contra él. En este estado no se coordina bien y el Tzimise aprovechó esta ventaja consiguiendo eludir uno tras otro los ataques de Andrea y en unos instantes lo tuvo prácticamente reducido. Viendo lo que iba a suceder me lancé al ataque. No podía quedarme quieta mientras mataban al hombre que amo. Mi mayor obsesión era conseguir que le soltase antes de que fuera demasiado tarde. Estaba tan obcecada que no me di cuenta de cómo me había atraído a una trampa hasta que ya fue demasiado tarde. El resultado fue nefasto: mi amor en el suelo, herido o tal vez muerto, y yo atrapada entre unos brazos que iban apretando cada vez más, impidiéndome respirar. Poco a poco mi visión se fue debilitando, las fuerzas me abandonaban y antes de adentrarme en la oscuridad de la inconsciencia noté cómo me cogía en brazos.

 

- Pequeña yo nunca suelto un juguete, no mientras todavía me divierte. Tranquila tal vez algún día vuelvas a casa, claro que eso dependerá de si has sido una buena niña. Tu padre debería agradecerme que estreche los lazos entre las dos familias.

 

         Lo siguiente que recuerdo es estar atada, como un fardo en la grupa de un caballo. Era ya de día y pude ver un carruaje completamente cerrado desde mi posición.

 

         Ese bastardo se había atrevido a asaltarme en mis propias tierras. Desde luego no respetaba mucho el linaje de mi familia. Después de ese acto ya no me quedaban muchas esperanzas de futuro y a cada hora que pasa estaba más lejos de mi casa y mi libertad.

 

         Luché contra las cuerdas que me sujetaban pero sus nudos son firmes. Sólo cuando pararon para permitir descansar a los caballos pude dar buena cuenta de ellos. Ya había comenzado a anochecer y mi tiempo se acababa. Tenia que huir ahora antes da que él se despertara. Aprovechando un descuido de mis guardianes, logré dejar a uno fuera de combate y robarle la espada. Al pillarles por sorpresa logré llegar hasta una de las monturas, espantando al resto.

 

         Mientras su señor esta dormido no me perseguirían y con ese pensamiento emprendí la huida. Contaba con que estarían muy ocupados intentando recuperar sus monturas, aparte del hecho de que todavía estaban demasiado cerca de  las tierras de mi padre. No se podían permitir el lujo de perder mucho tiempo persiguiéndome. No conté con un ballestero y su puntería, no hasta que sentí como la saeta se hundía en mi espalda provocando un dolor atroz, pero continúe cabalgando.

 

Finale Violento Ma Non Troppo

 

         No siento el dolor, lo único malo es que tampoco noto mis piernas, ni los brazos, ni las manos. Cada vez es más y más difícil respirar. La herida es grave. En más de una ocasión he resultado herida en batalla para no saber cuando la cosa es realmente importante. El caballo va al paso y tengo verdaderos problemas en mantenerme encima.

 

- Vaya, Vaya. Eres testaruda.

        

         Dios me ha encontrado. Reuniendo todas las fuerzas que me quedan logro desenvainar la espada.

 

-         Estas loco. Mi padre habrá salido a perseguirte, has perdido mucho tiempo buscándome.

-         Tienes razón, pero el premio se lo merece.

-         Traidor.

-         No solo vengativo. Le debo una al sire de tu padre y pensaba acabar con él atrayéndole a una trampa. Al ver que ese necio mantenía lazos importantes con tu familia decidí atacarle en ese aspecto. Luego te conocí, me sentí atraído por ese joven apuesto, cual fue mi sorpresa cuando descubrí que era un diamante el bruto.

-         ¿Soy el cebo para matar a mi padre?.

-         No, Por desgracia nunca he tenido la oportunidad, ni los hombre. Solo teíia tiempo para un golpe y tu me gustas más. Aparte del hecho de que al no poder proteger a su hija su prestigio caerá en picado. Aunque ¿que se puede esperar de un nombre del clan .......?

 

         Ya no tengo fuerzas para mantener sujeta la espada. Me agarro con las dos manos al cuello del caballo, todo gira a mi alrededor, se acerca y me coge antes de que caiga.

 

-         ¿Por qué?

-         Cuando una cosa me gusta la cojo. Tenemos que volver al campamento.

-         Volverás solo.

-         No puedes resistirte a mí.

-         Lo se, pero también sé que no me queda mucho tiempo, tienes un buen ballestero.

-         Tenía.  – Matiza mientras examina la herida – Tiene mala cara

 

         No puedo evitar reírme. Yo diría que tengo una herida mortal y que no veré el amanecer. Se arremanga y se hace un corte en la muñeca.

 

-         Bebe.

-         No

-         Te he dicho que bebas.

-         Y yo te he dicho que no. No pienso ser tu juguete. Soy Erik de ....... y no te pertenezco.

 

         Se lame su herida mientras me estudia.

 

-         Prefieres morir.

-         Si bebo tu sangre te perteneceré y tu no eres un buen jefe. Te gusta torturar y destrozar todo lo que tienes cerca. Así que ¿porqué alargar un resultado que sería el mismo?.

-         Tal vez no. Me gustas de verdad. Tienes el corazón de un hombre en el cuerpo de una mujer. Siempre podría ser como la última vez y yo diría que te gustó.

 

         Este tipo me desconcierta, primero me maltrata, luego me viola, me rapta y por  ultimo me dice que le gusto. No quiero morir, pero no quiero traicionar a los míos. Se acerca otra vez y me vuelve a ofrecer su sangre.

 

-         No.

-         Te queda poco tiempo – Su brazo esta rozando mis labios, puedo oler su sangre. Sé que si bebo me salvaré. Acerco lentamente mis labios a la herida, él se acerca más y bebo. Como lo había hecho con mi padre. Le oigo gruñir de placer y acaricia mi cabello, me retiro como si me hubiera tocado una serpiente.

-         No has bebido lo suficiente. La herida sigue sangrando.

-         Búscame un médico.

-         Realmente eres cabezota. - Sin mediar más palabras aparta de mí su brazo y se inclina acercando su rostro al mío – Encantadora, te enseñare a apreciarme.

 

         Brutalmente me a garra por el pelo y ladea mi cabeza, dejando camino libre a mi cuello, donde clava sus colmillos. No tengo fuerzas para oponerme y cuando creo que voy a morir me deja caer como un fardo. Todo lo que me rodea es oscuridad, soy incapaz de notar nada de lo que pasa a mi alrededor. Durante unos instantes o tal vez unos minutos estoy sola, pensando que me ha dejado, hasta que vuelve al ataque. Mi corazón va a cien intentando bombear la poca sangre que me queda, no da abasto y el cuerpo comienza a morir por falta de oxigeno hasta que al fin se detiene. Un solo pensamiento se cruza por mi mente: estoy muerta y en ese preciso momento un fuego abrasador baja por mi garganta llenándome de vida, devorándome las entrañas, y un hambre aterradora invade todo mi ser. Pero ese líquido que resbala por mi boca lo va apagando.

 

- Detente Erik – Unas fuertes manos me apartan del preciado liquido – German ven aquí. Andrea coge al resto de los hombres y persíguelo. Te he dicho que lo persigas. ¡Obedece!.

 

         El dolor es horrible, el hambre me devora y tiemblo de desesperación. No puedo alcanzar mi alimento no me dejan y lloro llena de impotencia como nunca lo había hecho.

 

- Tranquilo, toda va a terminar pronto. German tráeme las vendas.

 

         De repente oigo el latido de un corazón que me llama. Su ritmo me hipnotiza y el calor de su cuerpo me hace daño. Poco a poco, como un regalo, noto que se acerca. Me abalanzo sobre él antes de que me lo arrebaten y comienzo a saciar mi sed.

 

- Para Erik. Tienes que detenerte.

 

         Ya no  existe el dolor, me detengo. El corazón ya no late.

 

         Como si una inexistente venda cayera de mis ojos. Me doy cuenta de lo que sucede a  mi alrededor.

 

-         ¿Padre? – Me abrazo a él, comienzo a besarle en los ojos, las mejillas. Estoy llena de jubilo la pesadilla ha terminado. Al besarle descubro que esta llorando.

-         ¿Padre que pasa? . Le miro a la cara y veo resbalando silenciosamente lagrimas rojas.

-         Lo siento. He llegado tarde sólo podía terminar lo que él había empezado. Tu herida era muy grave y tus ultimas fuerzas te habían sido robadas de tu exánime cuerpo.

-         ¿Que pasa?, no entiendo nada. – Entonces veo el cuerpo sin vida de uno de los soldados de mi padre. Es German y recuerdo las palabras que antes sonaron en mis oídos pero no entendí. Me giro al escuchar unos sollozos y allí esta Andrea.

-         Te dije que te marcharas… Ya no hay vuelta atrás. Cuídala.

-         Padre .... ¿Qué ha pasado, por favor?.

-         Te morías sin remedio y yo te he matado para devolverte a este mundo. Ahora eres un ser de la noche, como yo. Bien sabe tu madre que yo no quería, pero no podía permitir perderte, como a ella.

 

         Andrea se abraza a mi y me besa. Yo le detengo y miro a mi padre de reojo. Él se aleja de nosotros, al subir a su caballo nos mira.

 

- El sol puede matarte debes buscar refugio. Luego ya buscareis un rincón para estar juntos.

 

         Los colores suben a mis mejillas.

 

-         Padre yo...

-         Pequeña, ¿de verdad crees que puedes ocultar algo a tu padre? Os vi juntos hace tiempo. Casi le mato, pero me habló de su amor por ti e intentó defenderte de mi furia, cargando con todas las culpas. Esperé que se te pasara el capricho pero no eso no ha sucedido. Termine aceptándolo. Volvemos a casa.

 

         El eco de las risas de mis hombres me vuelve a traer al presente. Miro a la derecha y allí esta Andrea.

 

-         ¿Volvemos al castillo? – Me pregunta.

-          Si.


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