El juego de Marcia
Era
un sueño y lo sabía. Pero era un sueño especial. Lo había tenido muchas veces y
siempre acababa igual. Estaba sentado en un extremo de la mesa. Ella, sentada
enfrente, extendía el brazo con mirada desafiante y yo respondía al reto. A
nuestro alrededor había mucha gente mirando excitada. Entonces alguien gritaba:
“¡ya!” y la cosa empezaba. Desde el principio podía notar la enorme fuerza de
Marcia. Ella me miraba maliciosa, su larga cabellera negra desplegada a un
lado, los ojos fijos en mi. Ni su respiración ni su rostro demostraban que
hiciera ningún esfuerzo. Al contrario, parecía descansada y relajada. Yo, en
cambio, me esforzaba al límite de mis fuerzas. Todo y así apenas podía mantener
la posición. Después de un rato ella me guiñaba un ojo y aumentaba la presión.
Era insoportable. No podía aguantar y me doblaba el brazo de forma inexorable.
Cuando ya llevaba la mitad del recorrido, ella, que estaba tan tranquila, me
decía: - mejor añade la otra mano - y yo obedecía aprovechando la oportunidad.
La gente a nuestro alrededor exclamaba un ¡oh! de admiración por la proeza. Yo
entonces apretaba con las dos manos poniendo toda mi fuerza en un contraataque
demoledor. La cara de Marcia reflejaba el esfuerzo mientras iba perdiendo
terreno hasta que nuestros brazos alcanzaban la verticalidad del equilibrio. En
ese momento ella sonreía y, adoptando una expresión de fiereza en su rostro,
ejercía una fuerza enorme recuperando el terreno perdido. Doblaba mi brazo de
forma incontestable y progresiva hasta la victoria final. Entonces me
despertaba sudoroso y sintiéndome débil, como cada noche desde aquel día en que
jugué con Marcia a su juego.
Todo
empezó en los primeros días de clase. Marcia era mi compañera de asiento. Alta,
un poco más alta que yo, morena, de cabellera muy larga que llegaba a la
cintura y unos ojos negros de mirada intensa. Tenía el carácter fuerte de las
personas seguras de sí mismas, con un gran carisma que la hacía el líder de
cualquier grupo en que estuviera. En el pupitre de delante se sentaba Marc y
Jesica. En el de atrás Dani y Carlos. Formábamos el “grupo” y Marcia, aunque
nueva en el colegio, era la que mandaba.
Aunque
Marcia era atlética y seguramente bastante fuerte no creo que me ganara a
pulso. No, el sueño era sólo simbólico, no tenía nada que ver con la fuerza
física. Todo empezó el día en que Marcia, al final de las clases, me dijo que
quería jugar conmigo a un juego que se había inventado. Con Marcia no había
protesta que valiera, se hacía lo que ella quería, así que ni siquiera dije
nada. Me dejé conducir hasta una clase vacía. Cerramos la puerta y nos sentamos
uno frente al otro, como si fuéramos ha hacer un pulso pero no se trataba de
eso. Marcia me explicó las reglas de su juego. Se trataba de mirar a los ojos
del otro intentando mantener la mirada. Perdía el que primero desviara la
vista. Así de simple.
Yo
le dije que me parecía un juego muy tonto y que nos íbamos a aburrir. ¿Qué
dificultad tenía mantener la mirada?, si aún dijera que perdía el primero en
parpadear, pero no. Sólo mantener la vista fija en los ojos del otro. Y no se
valía hacer trampas mirando a otro sitio, la boca, las cejas, no. Se había de
mirar a los ojos, a las pupilas. Le dije que íbamos a pasar una eternidad
haciendo eso, que al final ganaría el que tuviera menos prisa por salir y que
eso no tenía ningún mérito pero fue inútil.
Así
que empezamos. Ya desde el principio me di cuenta que la cosa no era la
tontería que yo pensaba. Al mirar a sus ojos, esos ojos negros de mirada
profunda, noté su presión y supe que tenía más fuerza que yo. Era cómo si me
cogiera con su mirada y entrara en mí sin que pudiera evitarlo. Noté cómo
reaccionaba mi cuerpo de forma automática. Enrojecí empezando a sudar por el
esfuerzo. El pulso se aceleró y empecé a respirar más rápido. Era absurdo pero
me daba cuenta que estaba perdiendo y de alguna forma sabía que eso era algo
terrible. Estaba asustado y pensé que sería mejor darme por vencido así que
intenté desviar la mirada. Pero no pude. Mis músculos no me respondían. Entonces
ella sonrió maliciosamente y endureció su mirada. Cogió mi cabeza con sus manos
y la acercó hasta que nuestras caras se tocaron. Tenía esos terribles ojos
encima de mí, a muy poca distancia, y noté que estaba entrando muy adentro.
Algo se rompía en mi interior, derribando puertas con una fuerza gigantesca.
Entrando más y más al fondo de mi alma. Al final sentí una mano que agarraba mi
esencia apretando con fuerza titánica. Rompiéndome. Entonces ella dijo: - ahora
eres mi esclavo - y me soltó. Caí al suelo sin fuerzas sabiendo que tenía
razón. Era un esclavo más allá de lo que nadie lo había sido nunca.
A
partir de ese momento ella me dominó totalmente. Era capaz de ordenarme
cualquier cosa y yo no podía desobedecerla. Además era consciente de todo. No
es que me hubiera convencido de que tenía que hacer tal o cual cosa. No. Las
hacía aún en contra de mi voluntad. Una vez, para demostrarme hasta que punto
me tenía cogido, hizo la típica prueba del dolor. Me ordenó que mantuviera la
palma de la mano encima de la llama de una vela. Puse la mano encima y me
retuvo allí un buen rato, hasta que el olor a quemado se esparció por la
habitación.
Pero
eso no fue lo peor. Si solo me dominara la cosa podía ser soportable. De hecho
me daba muy pocas órdenes y me dejaba tranquilo la mayor parte del tiempo. No,
lo peor fue lo otro. Al cabo de pocos días empecé a tener ese sueño y, cuando
me despertaba, me sentía muy débil. Como si me hubieran extraído la energía
vital.
Parecía
estar enfermo y mis padres me llevaron al médico. Debilidad, dijeron, aunque no
sabían la causa. Me recetaron complejos vitamínicos y descanso. Dejé de ir a
clase durante unos días y me hicieron toda una serie de pruebas sin resultado.
Aparentemente estaba sano. Pero yo ya sabía lo que me pasaba. Aunque fuera
incapaz de decírselo a nadie.
Supongo
que Marcia debió pensar que quizás se estaba pasando conmigo porque dejé de
tener ese sueño tan a menudo y me recuperé un poco. Solo un poco pero lo
suficiente para que me dejaran volver a la escuela. Allí volví a ver a Marcia.
Parecía más sana, más fuerte, incluso más alta. Desbordaba energía. Pero
también descubrí otra cosa que me hizo estremecer. Mis amigos parecían pálidos,
sin fuerza, como yo.
A
la hora del recreo me reuní con ellos. Marcia no quería jugar con nosotros y
nos dejaba tranquilos. Prefería jugar con el resto de la clase, demostrando su
fuerza y habilidad con la gente que desconocía su secreto.
Todos
habíamos pasado por lo mismo. Uno a uno Marcia había hecho su juego
dominándonos. Y ahora nos extraía la energía a todos durante el sueño.
Entonces
Jesica dijo lo que había descubierto. Marcia había tenido un hermano gemelo
pero enfermó de repente y murió el año pasado. Todo el mundo decía que Marcia
se comportó espléndidamente con él. Pasó todo su tiempo libre a su lado. No lo
abandonó hasta que murió. El miedo que sentimos fue atroz porque sabíamos lo
que eso significaba. Íbamos a languidecer poco a poco hasta morir de la misma
forma.
Pasaron
los días. Parecía que Marcia quisiera disimular un poco el efecto de su poder
sobre nosotros ya que sólo “enfermaba” uno cada vez. Se dedicada a esa víctima
durante una semana o así y luego pasaba a la siguiente. De esta forma
transcurría bastante tiempo antes de que le volviera a tocar al mismo. Pero yo veía
que la cosa iba a peor. Al principio, en el sueño, Marcia me ganaba fácilmente
pero sin hacer que pusiera las dos manos. A medida que pasó el tiempo la lucha
fue haciéndose tan fácil para ella que dijo eso de poner las dos manos para
tener un pequeño aliciente. Para mí la cosa estaba clara. Se estaba haciendo
cada día más fuerte a nuestra costa.
Comenté
esto con los otros y todos me dijeron lo mismo. También habían notado que era
más fuerte que antes. Pero resultó que había variaciones en nuestros sueños.
Por ejemplo, en el caso de Carlos él tuvo que poner las dos manos desde el
primer momento. Tenía demasiada poca fuerza para que la lucha fuera divertida.
En cambio con Dani aún no se atrevía ha hacerlo. Lo ganaba fácilmente pero
tenía que esforzarse un poco. Esto coincidía un poco con la diferencia de
carácter entre ellos. Dani siempre había sido un chico muy decidido en cambio
Carlos era tímido y muy influenciable. Parecía que el sueño era una
representación simbólica pero exacta de una lucha que sucedía realmente.
Eso
me dio una idea. Si pudiéramos enfrentarnos todos juntos contra ella quizás nos
podríamos liberar. No podría contra todos a la vez. Si teníamos en cuenta lo
que pasaba en los sueños yo calculaba que quizás podría con tres o cuatro de
nosotros pero no con los cinco. Eso tenía que ser demasiado para ella. Les
expliqué mi idea y estuvieron de acuerdo conmigo pero, ¿cómo hacer para estar
todos juntos en un sueño?. Entonces Marc dijo que una vez intentó soñar con
Jesica para evitar el sueño con Marcia. Estaba en su “turno” e intentaba no tener ese sueño. Lo que vio
fue cómo Marcia hacía el pulso con Jesica. Él era uno más entre el público. Eso
coincidió con el día en que Marcia cambio el turno y empezó precisamente con
Jesica. Además había diferencias con su sueño. Jesica duraba bastante más que
él y eso no lo sabía entonces.
Decidimos
intentarlo esa misma noche. Estábamos en el “turno” de Dani así que todo el
mundo intentaría soñar con él. Ese día me fui a dormir temprano. Un poco
nervioso pero esperanzado a la vez.
El
sueño fue distinto a lo que esperaba. Creía que vería a Dani frente a Marcia al
principio del enfrentamiento pero no fue así. Estabamos todos en una gran
explanada rodeados de niebla. Había una cuerda en el suelo y al otro extremo se
encontraba Marcia que nos miraba enfadada. No estaba contenta con lo que
habíamos hecho y se notaba. Cogió su extremo de la cuerda y nosotros el nuestro
y empezamos a tirar en ese clásico juego de lucha. Supongo que era algo
simbólico pero que representaba a la perfección nuestra situación.
Nos
dimos cuenta que esta vez Marcia sí que parecía apurada. Se notaba que se
esforzaba pero nosotros íbamos ganando terreno. Nunca habíamos visto a Marcia
así. Tenía la cara enrojecida y sudada por el esfuerzo. Pero era inútil.
Nuestra fuerza combinada era superior a la suya. Aún así nosotros no podíamos
relajarnos.
Cuando
estabamos a punto de ganar, Marcia gritó algo en dirección a la niebla. Era un
nombre, el nombre de su hermano muerto, aunque en ese momento no lo entendí.
Entonces surgió de la niebla una forma brumosa de apariencia humana. Caminó con
lentitud y se puso tras Marcia, ayudándola en su lucha. La cosa quedó igualada.
Ni ella podía con nosotros ni nosotros con ella. Seguimos luchando sin que
ningún bando tomara ventaja. La lucha era terrible y nuestros cuerpos notaban
el cansancio. La respiración agitada, el corazón a punto de reventar. Entonces
sucedió algo terrible. Carlos se tocó el pecho con la expresión en su cara de
un dolor intenso y cayó al suelo convirtiéndose en un ser de bruma, como el
otro. Marcia fue recuperando terreno pero muy poco a poco, demasiado lento para
su gusto. Así que gritó el nombre de nuestro caído amigo y éste se levanto. Era
otro ser de bruma que se unía a la fila de Marcia. Esclavo más allá de la
muerte. A partir de entonces todo esfuerzo fue inútil. Marcia ganó con una
sonrisa de triunfo en su rostro.
Al
día siguiente todos estábamos agotados pero decidimos ir a la escuela. Marcia
nos miró con odio pero a la vez sonriendo, como si disfrutara con la
demostración de esa noche. Estábamos más perdidos que nunca y lo sabíamos. Ella
misma nos dijo lo de Carlos. - El pobre parece que tuvo un ataque al corazón
mientras estaba durmiendo y murió en la cama. Que terrible, ¿no?-. El tono de
su voz era falso e irónico. No podíamos esperar menos.
Al
final de las clases nos indicó con una seña que la siguiéramos. Nos llevó a una
clase vacía y cerró la puerta. Nos dijo que merecíamos un castigo por haber
intentado desafiarla pero que se encontraba magnánima y sólo haría una
demostración. Entonces me atrajo hasta ella cogiéndome la cabeza con las manos.
Me dio un beso sin que pudiera hacer nada para evitarlo y noté cómo me extraía
toda la energía vital hasta dejarme seco. Me mantenía de pie, colgando de sus
brazos como un peluche. Me sentía morir. Se dirigió a los demás y les dijo: -
puedo comerme a cualquiera de vosotros cuando quiera pero prefiero que me
duréis un poco más -. Entonces me volvió a besar y me devolvió mi fuerza. No
toda, claro, se quedó un poco para ella. Salió dejándome en el suelo extenuado
por la experiencia. Mis amigos me acompañaron mientras me recuperaba, llorando
en silencio.
Pasó
una semana. Nos mirábamos con el aire triste del cordero a la espera del
sacrificio preguntándonos ¿hasta cuando?. No entendíamos por que no acababa con
nosotros de una vez. Si podía comernos, porque no lo hacía ya. Supongo que a lo
mejor tampoco lo podría aprovechar. Demasiada energía de golpe. Además no
podíamos hacer nada. Éramos totalmente inofensivos ya que ni todos juntos
podíamos con ella. De todas formas no reclutó a nadie más. Quizás prefirió no
arriesgarse. Con cuatro sabía que podía sin problemas, con cinco, ¿quien sabe?.
Entonces
Jesica dijo algo que había notado. No le había dado importancia y por eso no lo
había dicho antes. Pero en la situación tan desesperada en que estaban
cualquier cosa podía ser útil así que. Había observado que los días en que
Marcia tenía el período no elegía a ninguno de nosotros para el sueño. Quizás
estaba más débil entonces y no podría llamar a sus esclavos muertos.
No
es que tuviéramos muchas esperanzas. Además éramos conscientes de que Marcia se
vengaría de nosotros después de este segundo intento pero ¿qué más podía
hacernos?, ¿matarnos?. Al final nos mataría de todas formas. Así que quedamos
en volver a intentarlo en el momento adecuado.
Llegó
el día esperado. Esta vez teníamos que soñar con Marcia ya que ella no
escogería a ninguno de nosotros esa noche. Estabamos de nuevo en la llanura
rodeada de niebla. Marcia esperaba frente a nosotros y sonreía confiada. Me di
cuenta de que algo no funcionaba. Dani no estaba.
-
No hace falta que busquéis a Dani –dijo Marcia- Ni tampoco que le esperéis. No
llegará. Me lo he comido esta tarde –dijo frotándose la barriga con la mano
mientras deslizaba la lengua por los labios – estaba muy rico.
Cogió
su extremo de la cuerda y esperó. Nosotros estábamos aterrorizados. ¿Cómo
íbamos a ganarla?. Aún sin la ayuda de sus seres de bruma probablemente podía
poner en jaque a cuatro de nosotros. Con tres la lucha era inútil. No podríamos
con ella. Además había eliminado al más fuerte de nosotros. La cosa estaba
perdida de antemano.
De
todas formas lo intentamos. Cogimos nuestro extremo de cuerda y empezamos a
jalar con fuerza. Desde el primer momento supimos que íbamos a perder. Era
mucho más fuerte que nosotros tres juntos. No había color pero seguimos
intentándolo.
Marcia
disfrutaba del momento. Se notaba que hacía fuerza pero que tenía margen. Fue
ganando terreno poco a poco, sin cansarse. Nosotros veíamos nuestra derrota
acercarse sin remedio. Era nuestra última oportunidad y estábamos perdiendo.
Entonces
sucedió. Marcia hizo una mueca de dolor y se llevó una mano al estómago. Algo
parecía destrozarla por dentro. Nosotros luchamos con renovada energía. Con la
desesperación que da el terror absoluto. Ella intentaba mantenernos con una
mano mientras con la otra se retorcía el estómago. Pero no podía. No era tan
fuerte. Poco a poco ganamos terreno hasta que al final Marcia cayó al suelo y
nosotros salimos expulsados hacia atrás. Mientras despertábamos aliviados aún
tuvimos tiempo para ver cómo el cuerpo de Marcia se volvía bruma. Una bruma
oscura y espesa de la que escapó una pequeña nube blanca en dirección al cielo.
Al
día siguiente no nos sorprendió saber que ni Dani ni Marcia había acudido a la
escuela. El pobre Dani había sufrido un síncope y fue encontrado muerto en una
de las aulas. Nadie se explicaba su muerte. Marcia murió en su cama. Por lo
visto sufrió un corte de digestión muy fuerte. Algo que comió le debió sentar
mal. Sin embargo sus padres aseguraron que esa noche apenas cenó.